el papá de Messi: pensaste que estoy muerto pibe? estoy muerto de ganas de jugar con el nuevo código de BETWARRIOR toda mí jubilación que pasa tenés miedo cagón?
Hay algo que se repite en la vida pública argentina y que todos vimos de cerca: la dificultad de muchas personas para revisar sus ideas cuando la realidad deja de coincidir con su relato.
Pienso en un momento muy concreto, no hace más de dos años. Un grupo de amigos y amigas, simpatizantes del peronismo, defendían a Venezuela como si fuera un modelo a seguir y como “la prueba” de lo malo que es Estados Unidos. Y lo hacían incluso cuando cientos de miles de venezolanos llegaban a Argentina escapando de la crisis. Personas reales, con historias reales, que venían a buscar un futuro mejor. Sin embargo, para ellos su experiencia era invalidada o minimizada: “es culpa de USA”, “es una campaña mediática”, “es por el bloqueo económico”, “no es tan grave”.
Pero cuando llegó la última elección de Maduro, y el fraude fue tan evidente que hasta gobiernos históricamente neutrales se vieron obligados a condenarlo, ese mismo grupo dejó de hablar de Venezuela de un día para el otro. No hubo autocrítica. No hubo un “che, quizá nos equivocamos”. Tampoco un replanteo en privado. Simplemente, silencio. Venezuela dejó de ser un ejemplo y pasó a ser un tema incómodo.
Lo mismo pasó con Cuba, mucho antes. Durante años fue presentada como “un modelo alternativo”, hasta que la evidencia económica se volvió imposible de negar. No hubo revisión. Solo abandono del tema.
Y más cerca aún, lo vimos en Argentina. Durante la pandemia, miles de argentinos se iban a España o Italia escapando de la mala gestión económica y sanitaria. Pero, aun viendo ese éxodo con sus propios ojos, muchos seguían defendiendo ideas que ya habían demostrado no funcionar. Ideas que no mejoraban la vida de la gente, sino que la empeoraban.
El punto central no es “tener razón”. Todos podemos estar equivocados. Yo también defendí cosas que hoy no comparto (milité a CFK en mi adolescencia, y en el balotaje dije públicamente que prefería a Massa antes que Milei). La diferencia está en poder decir “aprendí”, “cambié de opinión”, “me mostraron algo que no veía”. Eso, lejos de ser una debilidad, es un signo de madurez.
Lo que me llama la atención de las personas que tengo en mente mientras escribo esto es que nunca hicieron ese proceso. Nunca revisaron su marco mental. Solo dejaron de hablar de todo lo que demostraba que sus ideas no funcionaban.
Y lo vimos repetirse en otros temas:
– Feministas que jamás dijeron una palabra sobre casos graves porque involucraban a dirigentes que apoyaban.
– Estudiantes que callaron cuando el gobierno congeló fondos universitarios, pero se escandalizaron de un día para el otro cuando un gobierno no peronista hizo lo mismo.
– Gente que vio jubilados llorando frente a cámaras durante años (todos vimos el video de mediados de 2023 con jubilados que decían que no alcanzaba ni para un churrasco), pero jamás marcharon por ellos. Hasta diciembre de 2023, cuando de repente los jubilados pasaron a importar.
No hablo de ideologías, hablo de honestidad. De tener un criterio propio independientemente de quién esté en el poder.
Todos estamos influidos por nuestras burbujas, por los medios que consumimos y por nuestros círculos. Pero en algún momento tenemos que darnos cuenta de que, si tu indignación aparece o desaparece según quién gobierne, no es indignación: es militancia disfrazada de moral.
Y si tus ideas nunca pueden ser revisadas por la realidad, entonces no son ideas. Son dogmas.
No escribo esto para ganar un debate ni para señalar a nadie en particular. Lo escribo porque cambiar de ideas no debería darnos vergüenza. A veces da miedo (implica discutir con los propios, admitir incomodidades, soltar identidades), pero quedarse quieto es peor.
Si no nos permitimos revisar lo que pensamos, terminamos defendiendo lo indefendible, confundiendo fanatismo con empatía y viviendo atrapados en errores que ya no nos representan. Ojalá esto sirva, aunque sea un poco, para que quien esté leyendo se anime a pensar distinto cuando la realidad lo pide.
Les cuento como fue la historia de las retenciones, porque ahora los kirchneristas parece que son aliados.....
Con el Carlos 6%
Nestor las sube a 24%
CFK las sube a 35% (super ciclo de la Soja, imaginate lo que hubiesemos crecido si no se la afanaba toda CFK)
CFK intenta la 125 que subía las retenciones hasta el 45%
Macri Baja gradual hasta el 18%
Alberto vuelve a subir a 33%
Milei baja a 26%
EL COSTO DEL FRACASO DEL ÚLTIMO SIGLO
El costo de estos 90 años de fracasos es simple de medir: en 1897 Argentina tenía el mismo PBI per cápita que Australia. Hoy es sólo 1/3 (-66%)
A precios corrientes, hoy el PBI per cápita de Australia son USD65.000 anuales y el de Argentina 15.000 dólares. 1/4 (-75%).
Es decir, cada Argentino perdió 50.000 dólares por año por apostar durante décadas al socialismo y comprar el buzón del "Estado presente".
Argentina, breve explicación.
1) Tenga un gobierno peronista: entregue regalos comprados con la plata de la gente en forma de subsidios, "ampliación de derechos", aumentos de sueldo por decreto, agua, luz y gas baratitos. Si no alcanza la plata se fabrica más plata, no hay problema.