Entro al cuarto. Inmediatamente me invade el pánico. Respiro, me calmo, pienso, ¿Qué haría el Diego? Ahí entendí, me río de mí mismo. Agarro todas las boletas, las hago un bollo gigante y arranco a hacer jueguitos. 826 repeticiones, RÉCORD para un día de elecciones. Tuvieron que venir el presidente de mesa y un gendarme a verlo con sus propios ojos porque no lo podían creer. Me llevan para felicitarme ahora mismo. El país que quiero!
Hoy en la playa se me acercó un nene de no más de siete años. Sabía de antemano lo que me iba a preguntar:
—¿Você gosta de jogar penaltis?
Su piel morocha, su sonrisa ancha y el pelo corto con rulitos me causaron ternura.
—Gracias, amigo. Paso —rechacé la invitación.