Cobrar 700% de tasa de interés es delincuencial. Algunos no se animan contra Galperín, pero acá hay que ponerle nombre y apellido a esta estafa.
Lo primero que se tiene que hacer es suspender el cobro de todas estas deudas, suspender las ejecuciones e investigar rápidamente qué está pasando.
Hablamos de esto con @fernandoborroni en @Radio10
La Policía de la Ciudad le dislocó el hombro y le tiró gas pimienta a un adolescente de 15 años que recién salía del colegio. Fue en medio de la represión en una protesta por Araceli Pintos, despedida del subte por denunciar acoso sexual por parte... de un Policía de la Ciudad.
#Gravísimo La Policía de la Ciudad acaba de golpear a un nene de 15 años cuando salía del colegio provocandole un traumatismo de hombro derecho, lesiones, gas pimienta en rostro mientras nos reprimía con palos y gases por manifestarnos en contra del despido de una trabajadora del subte por denunciar el acoso de un Policía de la Ciudad. Así nos respondieron. Estamos esperando con mucha demora al SAME para que sea atendido.
Reprimir manifestantes en la era Milei paga bien, ¿no?
Si no, es imposible explicar el nivel de gastos cerca de los $20 millones de Gustavo Antonio Gauna. Imagino que no será con su sueldo de comisario.
La basura cobarde que anda armada de civil reprimiendo manifestantes es el Comisario Mayor Gustavo Antonio Gauna, Jefe de la Dirección de Organizaciones Criminales de la @PFAOficial. Hombre de @PatoBullrich.
¿Quieren saber cuál es la Argentina que desea Milei a través de sus Leyes como la que se discute?
Esto: un hombre que ahora tiene que vivir en la calle, y le faltan 3 materias para recibirse en Seguridad e Higiene.
Inviolabilidad de la propiedad privada SIN LEY DE TIERRAS Y SIN LEY DE MANEJO DEL FUEGO. Salió en general 37 a 33. Un agónico resultado para el gobierno a pesar de todos los retrocesos. Perdió a Avila de Tucumán, Corroza de Neuquén, Royón de Salta, Vigo de Córdoba
Tini, Emilia, La Joaqui, Lali, todas las pibas compartiendo consignas y apoyando que no vendan el país. ¿Y los pibes traperos? ¿Tan pechos fríos van a ser?
La fuerza que se puso en movimiento con aquella bandera que gritó desde un estadio "Las Malvinas son argentinas" está poniendo en duda muchos de los votos cautivos del gobierno y su billetera.
Hay que aprovechar e ir hasta el final. El proyecto es malo de punta a punta: no solo extrajeriza la tierra, acelera los desalojos, permite la quema de tierras para su futura comercialización, etc.
Sigamos mostrando nuestra fuerza colectiva💪
Nos vemos mañana. Los demás puntos de la ley siguen en pie y son nefastos: los desalojos exprés, el ataque a las fábricas recuperadas y cooperativas por modificación de la ley de expropiaciones y los cambios a la Ley de Manejo del Fuego para poder incrementar los negocios inmobiliarios quemando todo.
¡Todos al Congreso!
Por estas horas se habla mucho sobre la forma en que Milei se refirió a Lula. Si por un momento podemos obviar esa forma de hablar de otros referentes que no sean los de la ultraderecha, veremos claramente cuál es el rol de Milei: ser el mensajero gratuito —y con mucho tiempo disponible para esa tarea— de las políticas de Marco Rubio.
Ese "gusano" quiere ser candidato a presidente de Estados Unidos; Trump atraviesa una situación crítica en la guerra de agresión contra Irán, y todo eso se traduce en una mayor ofensiva hacia América Latina.
Hoy llegó la jefa Georgieva para controlar si, además de hacer la tarea política, también hacen los deberes económicos de saqueo y entrega.
Es todo humillante. No solo hay que cantar "por los pibes de Malvinas"; hay que echar a estos funcionarios yanquis y a sus cipayos de América Latina. La vergüenza no es solo de forma; es, sobre todo, de contenido.
¿Para que carajo se exiliaron tantos en su día? Se hubieran quedado acá, compartiendo un asadito con un torturador pingazo, tomando un vinardo, comiendo unas fritas. Mira si te ibas a ir a México o a España a intentar vivir, traidor a la nación.
La trampa de "la patria" en todo su esplendor.
No importan las clases sociales, las ideas, la solidaridad. Lo que importa es haber nacido en el mismo "país".
¡Vamos Videla todavía!
EMERGENCIA FINANCIERA DE LOS HOGARES.
Desde el Frente de Izquierda presentamos un proyecto de Ley de emergencia crediticia para dar una respuesta a las millones de familias sobre-endeudadas a las que sus salarios, jubilaciones y otros ingresos por changas, etc, no les alcanzan para vivir.
La situación es alarmante y preocupante. Frente a la crisis social y el creciente endeudamiento familiar, se necesita en primer lugar y de forma urgente una suba de emergencia de salarios, prestaciones sociales y jubilaciones, que han sido afectados por el gobierno para cumplir con el plan de ajuste que exige el FMI y el gran capital.
Al mismo tiempo, es necesario cortar la pesada carga de estas deudas que recae en las familias, no por irresponsabilidad, especulación o mala administración financiera, sino como consecuencia de las políticas de ajuste, asfixia salarial y financiera del gobierno de Milei y todos sus cómplices, que no dudan en seguir incrementando el endeudamiento externo y los grados de sumisión al imperialismo. Mientras, los bancos y entidades de préstamo han incrementado sus ganancias.
Proponemos este proyecto de Ley como una medida de emergencia ante la crisis, un alivio económico y financiero a las familias trabajadoras.
El proyecto declara la emergencia crediticia de los hogares en todo el territorio de la Nación, por el plazo de 2 (dos) años, prorrogables por dos años más. En el marco de esta emergencia crediticia, suspende las posibles ejecuciones de sueldos y la inclusión de los sujetos alcanzados en carácter de situación de mora crediticia mayor a 90 días en el registro de deudores del BCRA (CENDEU) y en el Veraz (Equifax).
Asimismo, plantea un régimen de repago y condonación de deudas totales y parciales, en función de una segmentación que beneficie principalmente a las familias de menores ingresos y para quienes la carga de deuda es mayor. Así, para ingresos familiares por debajo de la Canasta Básica de Pobreza, o en casos en que los gastos en alimentos, servicios, alquiler y expensas superen el 70%, o en otras situaciones especiales (despido en el Estado, períodos de desempleo mayores a tres meses, jubilaciones insuficientes, personas con discapacidad, baja de planes sociales), se condona el total de deuda hasta un monto de 2 canastas básicas (estimadas por los trabajadores de la Junta Interna ATE-Indec). Para el saldo de deuda por encima de 2 canastas básicas se propone una quita de 50% de capital de deuda y un plan de refinanciación a tasa de interés 0%.
Por su parte, para las personas con ingresos individuales inferiores a 1,5 veces la canasta básica (establecida por la JI de ATE-Indec) que no ingresen en categorías anteriores se establece un plan de refinanciación con quita del 50% del capital de deuda y una tasa de interés que no puede superar la evolución de los salarios del sector público nacional o la tasa de inflación, de ellas, la menor.
Asimismo, para morigerar la posibilidad que se siga generando un nuevo proceso de endeudamiento familiar con excesivas tasas de interés, se establece un tope a los futuros préstamos personales o tasas que cobran las tarjetas de crédito, cuya tasa de interés no puede superar la variación de salarios, total registrados (CVS-Indec).
Por último, también se propone la conformación de una comisión independiente de auditoría y control de su cumplimiento, compuesta por familiares endeudados, profesionales especialistas, referentes sindicales y barriales.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)