Hasta el momento se confirma que el chavismo ha impedido que existan algunos centros de acopio que no pueden controlar políticamente. También impide que se envíe ayuda humanitaria a algunas ciudades. En hospitales han impedido que se grabe e intentan interceptar paquetes de ayuda y siguen sin desbloquear muchos portales informativos digitales.
Todas son decisiones que multiplican la tragedia y causan más daño sobre el desastre natural.
Son crímenes de Estado.
Apoya esta recaudación de fondos donando o compartiendo. Cada ayuda marca la diferencia para que los venezolanos reciban ayuda en estos momentos de crisis https://t.co/PUFgitEz6K
El Departamento de guerra de EEUU va a desplegar activos en el Aeropuerto de Maiquetía (Dios mío, siento que fue exactamente lo que viví y tuve que reportar desde allí en el 99).
Ya han salido equipos de rescate desde Virginia, Los Angeles, Qatar, Chile y el Salvador. Francia también ofreció ayuda esta mañana.
El @secrubio habló hoy con el régimen, y la prioridad es rescatar a víctimas enterradas entre los escombros.
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Cada vez que anuncian “excarcelaciones”, pasa lo mismo.
Siempre lo mismo.
Se juega ahí, en lo más cercano:
la esperanza,
la desesperación,
el teléfono que no deja de mirarse,
la noche que no se duerme.
Desde arriba sueltan cifras,
insinúan nombres,
dejan correr rumores.
Y abajo, la gente esperando.
Eso no es torpeza.
Es juego psicológico.
Nos suben la expectativa,
la bajan de golpe,
la vuelven a subir con otro nombre,
con otro “dicen que”.
Así se administra el dolor.
Hoy sabemos que hubo liberaciones.
Sí.
Pero no las que se insinuaron.
No las que dejaron creer.
No las que cientos de familias esperaban.
Se liberan pocos.
Casos visibles.
Casos útiles.
Y el resto sigue preso… y silenciado.
¿Y las explicaciones?
Ninguna.
¿Dónde están las personas que se dijo que iban a salir?
¿Quién responde por la esperanza creada y rota en horas?
Porque cuando se habla de presos,
cuando se habla de reencuentros,
la ligereza también es violencia.
No es solo encierro físico.
Es desgaste emocional.
Es manipulación.
Es crueldad repetida.
Y mientras no se diga con claridad,
con nombres,
con listas reales,
con responsabilidad,
seguiremos atrapados en el mismo ciclo:
esperanza → desesperanza → silencio.
Y eso, también, es una forma de represión.
#QueSeanTodos
Delcy, Balaguer y la lógica de la continuidad, por qué las potencias no imponen al líder popular tras la caída del dictador
Cuando un régimen personalista colapsa, ya sea por la captura de su líder, como ocurre hoy con Nicolás Maduro, o por su eliminación física, como sucedió con Rafael Leónidas Trujillo en 1961, surge una pregunta inevitable, ¿por qué no se impone de inmediato al líder opositor más popular?, ¿por qué no María Corina Machado hoy, o por qué no entonces el candidato con mayor respaldo popular en República Dominicana?
La respuesta no es moral ni ideológica, es geopolítica y de control del riesgo.
En Venezuela, Estados Unidos tenía capacidad material para neutralizar a Delcy Rodríguez, o para desconocer cualquier continuidad del chavismo y forzar una transferencia directa hacia la oposición. Sin embargo, no lo hizo. Al contrario, toleró, aunque no legitima, que Delcy Rodríguez, figura orgánica del régimen, quedara al frente del aparato estatal de forma provisional. Esto no equivale a respaldo político, sino a una decisión estratégica clásica, preservar continuidad administrativa, control de fuerzas armadas, cadena de mando y estabilidad mínima, mientras se diseña una transición.
La historia dominicana ofrece un espejo casi perfecto. Tras el asesinato de Trujillo, Estados Unidos pudo haber desplazado de inmediato a Joaquín Balaguer, figura íntimamente ligada al trujillismo, y haber impuesto otro liderazgo. No lo hizo. Joaquín Balaguer permaneció como presidente formal porque representaba la continuidad institucional del régimen sin Trujillo, permitiendo descomprimir tensiones, evitar una guerra civil y garantizar que el aparato estatal no colapsara.
El líder popular de la época no era Balaguer, ese líder fue Juan Bosch, quien gozaba de legitimidad social y respaldo democrático real. Sin embargo, Bosch no fue impuesto tras la muerte del dictador, llegó después, mediante elecciones en 1962, cuando el sistema estaba mínimamente estabilizado. Incluso así, fue derrocado al año siguiente, lo que demuestra que las transiciones no se ganan solo con legitimidad popular, sino con control efectivo del poder real.
Este patrón se repite, las potencias no colocan primero al líder más querido, sino al que reduce el riesgo inmediato. El líder popular representa ruptura, el continuista representa contención. En términos crudos, la estabilidad precede a la democracia, no al revés.
Por eso Delcy, como Balaguer, no es el futuro deseado, sino el amortiguador temporal. Y Corina, como Bosch, representa la legitimidad democrática, pero también el desafío al aparato que aún sobrevive. La transición real comienza después, no en el minuto cero del colapso del dictador.
La lección histórica es incómoda pero clara, las transiciones pactadas casi nunca comienzan con justicia plena ni con el líder más legítimo, sino con el mal menor que garantiza que el Estado no implosione. El riesgo no es reconocer esa lógica, el riesgo es confundir la fase de contención con el destino final
La detención de Nicolás Maduro es una gran noticia para la región.
Su permanencia en el poder, sostenida por un narcorégimen ilegítimo, expulsó a más de 8 millones de venezolanos y desestabilizó a América Latina a través del narcotráfico y el crimen organizado.
Maduro no es el Presidente legítimo de Venezuela, y desde ese país operan estructuras criminales y terroristas que amenazan gravemente la paz y la seguridad regional.
Ahora comienza una tarea mayor. Los gobiernos de América Latina debemos asegurar que todo el aparato del régimen abandone el poder y rinda cuentas; coordinar el regreso seguro y expedito de los venezolanos a su país; apoyar la recuperación de su sistema democrático; y avanzar en el combate regional efectivo contra el narcotráfico y el crimen organizado.
La democracia se defiende con convicción, coordinación y con el respeto irrestricto al Derecho Internacional.
Si usted no es venezolano y no sabe lo que es vivir 27 años bajo una tiranía, no ha perdido 22lbs de peso por las políticas económicas socialistas del régimen, no sabe qué es emigrar y tener años sin ver a su familia, no sabe qué es andar como un paria sin documentos, no ha vivido represión y tortura de sus seres queridos; sepa entonces que la superioridad moral es de muy mal gusto. De pésimo gusto, de hecho.
No les creo sus palabras de «paz», «respeto al Derecho Internacional», «no a la guerra»...
Callaron durante 27 años, VEINTISIETE AÑOS, sobre las violaciones al Derecho Internacional Humanitario, sobre los exilios, detenciones, torturas y muertes en manos de la dictadura venezolana, callaron durante 27 años ante el dolor de 8 MILLONES de seres humanos huyendo del horror, ante las familias separadas y las vidas destruidas... ¡¿y ahora se las quieren dar de vanguardias de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional?!
@SesaLibertine Si es ironía no se entendió.
Y si vas en serio, ve más allá de ti, supera el pensamiento egocéntrico: lo que para ti fue una experiencia ligera, suave, "no jodan dejen dormir", para otra si es fuerte, violenta, brusca. La alerta no está diseñada para ti.
Edmundo González ha denunciado que fue víctima de chantajes y coacciones en la residencia del Embajador de España en Caracas.
En su histeria criminal, la propia dictadura ha difundido las pruebas del delito.
El Gobierno de España debe aclarar YA:
—¿Por qué permitió que el presidente electo de Venezuela fuera coaccionado en su Embajada?
—¿Por qué dio autorización para entrar en la Embajada a dos notorios criminales y torturadores, ella sancionada por la UE?
—¿Por qué no hizo como el Gobierno de los Países Bajos?
— ¿Por qué permitió que se hicieran fotos y vídeos con el evidente ánimo de extorsionar al presidente electo?
—¿Por qué no ha denunciado las coacciones?
—¿Por qué las ha ocultado?
—¿Qué hacía el Embajador español convertido en notario de la extorsión de un presidente electo?
—¿Y qué papel ha jugado el ex presidente Zapatero?
—¿Ha vuelto a traficar con el sufrimiento de un rehén de Maduro, su especialidad desde hace años?
—¿Qué tratos y conversaciones ha mantenido con el ministro Albares en torno al destierro de González?
—¿Y ambos con los criminales hermanos Rodríguez?
Una Embajada española no puede ser el escenario de una extorsión; no puede servir de sala de operaciones del hampa.
Albares está en una posición moral y políticamente insostenible.
Debe hacer dos cosas. Repetir con los demócratas: «Venezuela es una dictadura». Y presentar su dimisión.
Hasta el final.
"Machado añade: “Fue una operación en la que también participaron otros actores que se disfrazan de oposición. Gente artera que viene a ofrecer un salvoconducto, pero en el fondo son operadores del propio régimen. Todo el mundo sabe de quién hablo" https://t.co/cvBTqQ4aLj
Bajo ningún supuesto es tolerable que en una embajada española se coaccione a un representante legítimo de un pueblo soberano.
El embajador en Venezuela debe ser reemplazado.
El ministro de Exteriores debe dimitir.
Y el presidente del Gobierno debe dar explicaciones inmediatas.