Las declaraciones de escritores y escritoras en entrevistas son cada vez más repulsivas en su intento por estar en sincronía con la corrección política. Se extrañan las épocas en que todavía el pudor podía contenerlos en silencio.
Soñé que le pasaba a Viñas el ensayo sobre Adelaida Gigli que estoy terminando de escribir. Me desperté con ganas de que realmente existan esos mundos alternativos.
No entiendo cómo un muchacho de 40 o 50 pirulos se despierta un día y se convence de que lo mejor para su futuro estético es empezar a teñirse el pelo.