A veces tienes que tomar una decisión y decir, "esta será la última vez que permito que me hagan sentir así". No importa si se trata de tu familia, de una relación o de una amistad. Hay momentos en los que elegir tu paz, es la única opción.
Obligarte a no buscar a la persona con la que más deseas hablar rompe por dentro. Cada parte de ti quiere escribir, llamar o saber de ella, pero eliges el silencio porque entendiste que hay personas que extrañas y aun así no deben volver a tener acceso a ti.
Hay noches en las que extraño hablar contigo sobre cualquier cosa. No las conversaciones importantes, sino esas pequeñas tonterías que solo compartes con alguien cuando sientes que tienes un hogar en otra persona.
Ya no lloro, ya no espero un mensaje que sé que no va a llegar, he aprendido a aceptar que fuiste una lección disfrazada de amor. Me duele, sí, pero me dolería más seguir intentando salvar un barco que tú ya abandonaste hace mucho.
El proceso más triste de soltar a alguien es cuando tienes que obligarte a no escribirle. Tienes el celular en la mano, sabes de memoria lo que quieres decirle, pero te acuerdas de su última indiferencia, de sus respuestas cortas, de su desinterés, y te tragas las ganas.