Poco se habla de lo bonito que es tener a un hombre que huele a hogar, que no se te pierde los fines de semana, que su prioridad es trabajar, pasar tiempo contigo y que te elija por sobre todas las cosas.
Los tiempos de Dios no sólo son perfectos: son justos, sabios y siempre llegan cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pidió llorando.