A los 14 años aún debería estar aprendiendo matemáticas. En cambio, ya está aprendiendo la única lección que el crimen organizado nunca perdona: quien vive por la bala, tarde o temprano termina contando las que le disparan.
Así funciona el crimen organizado: los jefes esconden el rostro, los peones ponen los muertos.
Hoy llora. Mañana lo buscarán quienes quieren venganza. Y quienes lo empujaron a ese mundo ya estarán reclutando al siguiente. Porque en las bandas nadie es indispensable.
La bala que disparas por orden de otros suele regresar con tu nombre escrito.
“A mi hijo le arrancaron las uñas de los pies”: Katty Zambrano, madre de Gabriel Guerra, desde la Embajada de EE. UU. en Venezuela, narra el horror de su detención. Pide justicia y libertad.
Falleció un compañero de trabajo. A los 20 minutos de recibir la noticia adivinen qué hizo todo el mundo? Seguir trabajando.
Pasen tiempo con sus seres queridos,
no regalen tiempo de más a una empresa.
Un fresquito demasiado rico saber que está preso. Demasiada soberbia, mucho comemierdismo cuando respondía a los comentarios donde lo acusaban de lavar. Éste video es una muestra de cómo se burlaba de la vaina. Ahora está en la mierda y preso🥹🤌🏻