Mantuvo su mirada fija sobre él durante unos segundos más, sin cambiar la expresión de su rostro. La sinceridad de sus palabras no era suficiente para hacerla bajar la guardia y debido a su naturaleza no confiaba en nadie más que las arañas.
Pero información siempre era útil. Volvió a observarlo. —¿Qué pistas buscas? — Su tono de voz fue monótono, sin llegar a se hostil pero tampoco amigable.
Sloane sintió una mirada fija sobre ella, una presencia que no tardó en incomodarla. No podía identificar con exactitud el punto exacto de donde provenía, pero sí tenía claro la dirección.
Se quedó allí, a una distancia prudente, analizando cada uno de sus movimientos en silencio. Sus ojos siguieron cada pequeño detalle, intentando descubrir qué clase de persona era aquel desconocido que había decidido fijarse en ella primero.
—Sí, soy una aspirante.— La respuesta salió demasiado simple, casi cortante. No añadió explicaciones. Cuanto menos supieran de ella, mejor. Hizo una pequeña pausa, observándolo con la misma atención con la que él parecía analizarla.— Supongo que tú también lo eres.
Una voz interrumpió su calma, giró apenas el rostro, dejando que sus ojos se posaran sobre él con una calma casi indiferente. —¿Rondando? —repitió, como si evaluara la elección de palabras. No parecía ofendida por la desconfianza, de hecho, era lo esperado y lo lógico.
⠀
“ ¿eres aspirante? te he visto rondando por aquí seguido y noto que no perteneces a esta ciudad. ”
⠀
la desconfianza seguía presente en el aire, más debía afrontarlo si información era lo que quería obtener en este momento.
⠀
— Parece que no necesito buscarlo, solito apareció. — Se levantó de su asiento y limpió sus ropas del polvo y la tierra. En cuanto mencionó sobre la librería su vista se dirigió al puerto intentando ver alguna por encima.— ¿Un libro en específico?
—Lo sé.— La respuesta fue breve, sin rastro de molestia. No discutía sus palabras. —Mi intuición rara vez falla. Por eso les presté atención... fue simple curiosidad.— El viento marino agitó con suavidad algunos mechones de su cabello.
Aquella interrupción repentina la hizo detener su andar y fijar la vista en el muchacho que pendía cabeza abajo desde el poste. Sin decir una palabra, acomodó una de sus agujas entre los dedos con la misma naturalidad con la que otros respiraban,
Tras unos segundos, respondió con una calma casi indiferente.—¿Y eso cambia algo? — No confirmó ni negó nada. Su tono era plano, difícil de interpretar, mientras sostenía su mirada sobre el desconocido.