Si hay algo que tienen en común los duelos, es que se llevan las palabras. Como Annie Ernaux cuando escribe: hubiera querido arrancarme el dolor, pero lo tenía en todas partes.
Que circule la palabra,
porque lo que no se dice, insiste de otro modo.
Se queda en el cuerpo, en el sueño, en el acto.
Que circule eso que duele.
Que tal vez, encuentre forma.