El alcalde de MANIZALES impactado con la celeridad en la que el Gobierno Nacional de Abelardo en coordinación con el Vicepresidente llegaron a atender la tragedia, vale ver y compartir.
Tenemos Presidente 🙏🇨🇴🫡
Cuando Córdoba se inundó y el pueblo moría bajo el agua, Petro nunca visitó Córdoba y apenas a los 2 días hizo un consejo nacional de gestión de Riesgo, de resto se dedicó a culpar a la Hidroeléctrica de Urrá y a tratar de pelear por un decreto de Emergencia Económica que nada tenía que ver con la inundación, sin contar que para esos casos era que servía la UNGRD, pero ellos la tenían quebrada gracias a la corrupción que caracterizó su gobierno.
Invitamos a los Colombianos que andan criticando hasta el más mínimo detalle, a que tengan memoria y a que pongamos todos un granito de arena para contribuir con quienes más lo necesitan en estos tiempos difíciles.
Después habrá lugar para el debate, por ahora, el Presidente De La República, Abelardo De La Espriella, está resolviendo la situación de manera exitosa, y es menester que todos nos pongamos del lado de ayudar a los damnificados.
🫡 🇨🇴
Pasamos de tener un “presidente” que no llegaba a un desayuno con empresarios madrileños a las 8:30 am porque “no me despertaron, era muy temprano”, a un gobierno en el que el vicepresidente de la República ya está bañado y desayunado a las 6 am. No, señores, definitivamente NO somos lo mismo. Pasamos del culto al ocio y a la envidia, al respeto por el trabajo arduo y la integridad. Bendito sea mi Dios 🙏🙏🙏 #HastaNuncaPactoHistorico #HastaNuncaPetro
El @CeDemocratico enfrenta una crisis ideológica que ya no puede ocultarse. Mientras unos dirigentes dicen ser de derecha, algunos de sus voceros más visibles insisten en presentarlo como un partido de centro. Entonces, ¿qué somos y a quién representamos?
Yo no ayudé a construir durante 15 años un partido de derecha para que ahora algunos se avergüencen de decirlo. La vida, la familia, la libertad, la seguridad, la propiedad privada, la iniciativa empresarial y un Estado austero y limitado no son una utilería de campaña. Son nuestras banderas.
La historia castiga la tibieza. En España, la ambigüedad del Partido Popular abrió espacio al socialismo y permitió el surgimiento de @vox_es. En Chile nació el Partido Republicano @PRChile; en Argentina, La Libertad Avanza @LLibertadAvanza. Cuando los partidos abandonan sus principios, los ciudadanos buscan a quienes tengan el valor de defenderlos.
Colombia también pagó el precio. Después de un @CeDemocratico que fue perdiendo claridad y carácter, llegó Gustavo Petro. Cuando la derecha duda, se esconde o adopta el lenguaje de la izquierda, la izquierda avanza.
No necesitamos parecernos a nuestros adversarios para derrotarlos. Necesitamos volver a representar, sin vergüenza y sin pedir permiso, a millones de colombianos de derecha. Los principios no se negocian ni se esconden: se defienden.
Por eso quiero trabajar en la construcción de una Nueva Derecha: sin complejos, sin tibiezas y con principios claros. Una derecha que no se excuse por existir, que no se esconda detrás de etiquetas cómodas y que represente con firmeza a millones de colombianos.
Más Mises, menos Marx; más Hayek, menos Keynes. Más ciudadanos libres y menos burócratas diciéndonos cómo vivir, qué pensar y qué hacer con el fruto de nuestro trabajo.
Defendemos un Estado austero, limitado y eficiente; impuestos bajos, simples y justos; menos regulaciones asfixiantes y más libertad para emprender, producir y prosperar. El dinero de los colombianos les pertenece a quienes trabajan para ganarlo, no a una burocracia insaciable que castiga el éxito y premia la dependencia.
Queremos igualdad ante la ley, sin privilegios ni excepciones. Educación de calidad, mérito, productividad, seguridad jurídica y libertad económica. La riqueza no se reparte antes de producirla y la pobreza no se derrota administrándola: se derrota creando oportunidades y ciudadanos libres.
Esta es la nueva derecha que quiero construir desde la Fundación Escuela de Libertad @FESLibertad. Una derecha que vuelva a levantar las banderas que otros dejaron caer. Los invito a construirla conmigo. El momento de defender nuestras ideas es ahora.
Carta de H.D.Thoreau a Cepeda...
Senador Iván Cepeda:
Le escribo estas líneas no desde el lenguaje de la tribuna parlamentaria, el cual desconozco y desprecio, sino desde la severa soledad de los bosques de Concord, donde aprendí que la única patria del hombre libre es su propia conciencia. He observado sus apelaciones a la "desobediencia civil", y como autor de la idea de que un hombre justo debe romper la ley cuando esta lo obliga a ser el agente de una injusticia, me veo en la obligación ética de desnudar la falsedad de su discurso.
Cuando examino la historia moderna, veo hombres que, con imperfecciones, rozaron la grandeza de la objeción de conciencia. A Mohandas Gandhi podría criticarle la masificación de su movimiento; a Martin Luther King, su excesiva fe en que las leyes del Congreso podían remendar el alma de una nación; a Nelson Mandela, su pragmatismo final al sentarse en la silla del magistrado. Pero mis críticas hacia ellos son, en última instancia, querellas filosóficas sobre el método. Ninguno de ellos dejó de poner el cuerpo: pagaron con años de presidio, con el destierro y con el asedio del poder el derecho a llamar "desobediencia" a sus actos. Desobedecieron desde abajo, sufriendo el peso del Estado.
Lo que usted hace, senador, es una impostura de un orden completamente distinto, y la rechazo con la mayor vehemencia.
Usted pretende vestir con el ropaje sagrado de la desobediencia civil lo que no es más que una vulgar estrategia de agitación partidista. Usted no está desafiando al Estado para salvaguardar su integridad moral; usted ES el Estado. Usted es un legislador de la República, un hombre protegido por la inmunidad parlamentaria, que goza de los privilegios, escoltas y salarios que paga el mismo pueblo a través de los impuestos coercitivos que yo me negué a financiar.
Que un funcionario público con poder real convoque a la "desobediencia" para presionar a las cortes o a sus contradictores políticos no es resistencia: es coerción estatal disfrazada de victimismo.
Pero su jugada más peligrosa y contradictoria —aquella que traiciona cualquier noción de libertad— es su pretensión de convocar a una Asamblea Constituyente con el argumento de "cuidar las conquistas" de su proyecto político.
Entiéndalo bien: la idea de refundar las leyes superiores de una nación para blindar los dogmas de una facción y someter a la minoría bajo el rodillo de una supuesta "voluntad popular" no tiene nada que ver con la libertad. Al proponer que las masas se movilicen para petrificar su visión del mundo en un texto legal, usted se está comportando más como un fascista que como un amante devoto de la libertad. El fascismo siempre ha amado la calle, siempre ha amado las grandes concentraciones y las apelaciones al "pueblo soberano" para aplastar las instituciones que le estorban.
Un verdadero amante de la libertad no busca crear un Estado más fuerte, ni más leyes, ni constituciones perfectas para pastorear a los ciudadanos. Busca que el Estado se aparte. Busca que el individuo sea soberano. Al querer utilizar el poder constituyente como un escudo para sus fines políticos, usted demuestra que no confía en la conciencia libre de los hombres, sino en la maquinaria del control legal.
La desobediencia civil es el último recurso del individuo desarmado frente al tirano. Cuando el cortesano y el legislador intentan expropiar ese recurso para defender su propia parcela de poder, cometen la más baja de las profanaciones políticas. Si de verdad desea ser un desobediente, renuncie a su curul, despójese de sus prebendas, camine solo y asuma las consecuencias de sus actos. Mientras tanto, sus palabras no son más que retórica de palacio.
Desde Walden,
Henry David Thoreau
Esta es la columna de @Maryaristizabal que le molestó tanto al señor de la Casa de Nariño.
“Silenciar no es censurar. Silenciar, en este caso, es un acto de higiene mental. Es apagar el ruido, bajar el volumen, dejar de prestarle atención a lo que, durante cuatro años, nos obligamos a escuchar con disciplina casi institucional. Silenciar es, simplemente, decidir no oír más.
Estamos a un mes de que termine el periodo del presidente Gustavo Petro. Cuatro años en los que el país vivió en modo alerta, pendiente del siguiente trino, de la próxima declaración, del nuevo giro inesperado y de la nueva teoría conspirativa. Cuatro años intentando descifrar, traducir, interpretar. En modo “petroexplaining”. Haciendo malabares para encontrar coherencia donde no había ni lógica.
Porque sí: era el presidente. Y en una democracia, al presidente se le escucha, se le analiza, se le responde. Incluso cuando resulta difícil. Incluso cuando sus palabras empiezan a volverse imprecisas, erráticas, inexplicables. Incluso cuando ya no dicen mucho, pero igual generan ruido.
Y vaya si lo generaron. Las instituciones, hay que decirlo, resistieron. El Congreso hundió reformas clave como la tributaria y dos veces la de salud. La pensional y la laboral sobrevivieron más por maniobras discutibles que por consensos sólidos. Las cortes hicieron lo propio, convirtiéndose en una talanquera frente al desborde y al delirio en el poder.
Mientras tanto, a nosotros nos tocó seguir ahí, pendientes. Ajustando sus palabras a “sus justos cabales”. Pero llega un punto en el que insistir deja de ser responsabilidad y empieza a ser desgaste.
Hoy hay un presidente electo. Hoy hay un mandato claro de los ciudadanos que, el 21 de junio, eligieron una opción distinta. Y, sin embargo, el presidente saliente parece decidido a cerrar su capítulo no con altura, sino con sospechas, teorías y desconfianzas.
Despreciando a la Registraduría, a las cortes, al Congreso. Y, de paso, a los mismos ciudadanos que votaron.
Tuvo la oportunidad, la mínima exigible en una democracia, de garantizar una transición tranquila. De reconocer el resultado. De facilitar el relevo institucional. Pero eligió otra cosa: atrincherarse en sus redes, aferrarse a sus propias versiones, resistirse incluso al hecho más elemental de la política: que el poder se acaba.
Y es ahí donde presento mi propuesta de silenciarlo. No porque no pueda hablar. No porque alguien deba impedirle expresarse. Todo lo contrario: que diga lo que quiera.
Pero nosotros, ciudadanos, medios y opinión pública, ya podemos elegir no amplificarlo. No reaccionar a cada provocación. No convertir cada trino en titular. No seguir alimentando una conversación que ya no construye, que ya no informa, que ya no aporta.
Porque, a estas alturas, leerlo no alarma: agota.
Es, además, una tristeza. El cierre de un presidente que llegó por la vía democrática, con la promesa del cambio y la unidad, termina diluido entre hipótesis, paranoias y afirmaciones difíciles de sostener. Un epílogo que no está a la altura del momento histórico que representó su llegada al poder.
Silenciarlo, entonces, es también pasar la página. Es permitir que el país mire hacia adelante sin el eco constante de una voz que se niega a aceptar que su tiempo ya terminó.
Que hable. Pero sin micrófono prestado.
Y, sobre todo, sin nuestra atención”.
https://t.co/h0GFjatyO5
Que Néstor Lorenzo siga como entrenador nacional es una buena noticia. La continuidad en el proceso es muy importante.
Eso sí, hay que jubilar a algunos, olvidarse de los nombres y comprometerse con llamar solo a los que estén en un buen momento futbolístico.
Y trabajar aún más en la fuerza mental. Los argentinos metieron tres goles en 13 minutos. Nosotros no pudimos con uno
https://t.co/G8HAJ7SVrX
Según Petro, Iván Cepeda es el ganador.
Pequeño detalle: no perdió una, perdió las dos vueltas presidenciales 😂.
Minúsculo 🤏🏻, mediocre y mal perdedor.
Petro es un embaucador intelectual, un inepto profesional, un pirómano de vocación y un guerrillero de corazón.
En 30 días sale a la calle a hacer lo único que sabe, engatusar pendejos con discursos babosos e incendiarios de lucha de clases y victimización antiimperialista.