Tomó nuevamente sus antebrazos, haciendo uso de su fuerza paranormal para evitar un ataque repentino del Querubín. Vencedor de aquella batalla, relamió los labios antes de volver a domar los impropios con singular necesidad; venganza y rencor dominando sus sentidos.
Dulce néctar que bebía sin arrepentimientos, ojos que se mantuvieron fijos en la expresión del ser celestial, no satisfecho de lo que lograba provocar en la mano derecha que aquel que había osado desterrarlo de las tierras sagradas sin pensar. No le importó su ameno ataque, mucho
menos la breve resistencia que parecía poseer el de hilos de plata. Su pierna llevó tras las impropias, empujándolo hasta dejarlo sobre el frío suelo con brusquedad. No tardó en posarse sobre su cuerpo, provocando estar entre los muslos del Árcangel. “Vamos a ser uno, hermano.~”»
ejercido en el cuello del Árcangel. Lo sintió como un golpe bajo, embravecido por la insolencia. “Ahora repite después de mí, Mikael; Perdona Padre, porque he pecado.” La malicia llenó su expresión cuando sin miramientos se abalanzó contra los labios puros del ser celestial, »
La observó marcha, ser de hran poder que dominaba el pecado tanto en la tierra, como en el cielo. Autosuficiencia era lo que sentía, brazos cruzados tras su espalda mostro y asimismo, su espalda fue lo último que ofreció.
–Al ser finalmente soltada tocio un par de veces, antes de devolverme la misma mirada al contrario, además de osar despertarla, e iba a intentar rebajar, sabía muy bien que su poder era menor al de él, pero no era poco.–
. . . Tch.
–Se encaminó, fuera de la vista del otro.–
“¡Él me falló a mí!” Arrebato de ira se mostró en sus ojos brillantes, mueca de odio que ilustró como cincel del mejor escultor. La gota que rebasó el vaso, aquellas alas que le recodaban a las suyas, ahora negras cual carbón. Sintió su mano temblar, no controlando el agarre »
ejercido en el cuello del Árcangel. Lo sintió como un golpe bajo, embravecido por la insolencia. “Ahora repite después de mí, Mikael; Perdona Padre, porque he pecado.” La malicia llenó su expresión cuando sin miramientos se abalanzó contra los labios puros del ser celestial, »