Messi jugó el Mundial mientras comprendía que perdería a su papá. Lo fue entendiendo partido a partido, mientras esperaba una respuesta que no llegaba
Al final, su mejor mundial fue la búsqueda de estirar el tiempo, con la secreta esperanza de lograr doblegar al destino
Messi jugó contra la muerte. Y es tan grande que casi le gana...
🎬 Dime una película con una banda sonora INOLVIDABLE, pero NO me digas Interstellar, El Señor de los Anillos ni Star Wars.
Quiero que todos sigamos descubriendo maravillas.
Os leo 👇
A las Psy-ops contra nuestro país se las combate con imaginación. No con ocurrencias. Con la imaginación del cruce de Los Andes. Del pase de Messi a Molina contra los naranjas. De los jardines con senderos que se bifurcan.
Oh casualidad. Ese músculo es el que se viene atrofiando por recompensas aleatorias intermitentes. El scroll infinito.
Lo viejo va a funcionar y nos va a salvar. Los talleres literarios. El potrero. La llanura. Los vestidos remendados. El encontrarle la vuelta. El no dejarse psicopatear.
Perdimos la final. España fue mejor, nos pegó un paseo de novela y jugó más parecido “a la nuestra” que nosotros mismos. Anoche, mientras Scaloni se quebraba en conferencia de prensa, se sintió en el ambiente algo bastante más grande que una derrota deportiva: se oyeron las campanas del famoso “fin de ciclo”.
Y con esto no me refiero solo al técnico o a los jugadores. El recambio va a llegar por simple ley biológica, Messi ya no nos puede dar mucho más. Hablo más bien de otra cosa, un poquito más difícil de explicar.
La Scaloneta fue el sostén de un clima de época. Scaloni asumió como DT en 2018, pero la Scaloneta nace como “fenómeno cultural” en 2021. En un país roto por lo político, lo económico y lo social, funcionó como un oasis. El “Elijo creer” fue una frase de marketing, sí, pero nacida de un sentimiento genuino y popular. Fue una alegría que mucha gente usó para no hundirse en la decadencia y la depresión de la realidad nacional. Lo digo en carne propia: mi vida hubiera sido muy distinta sin el insumo emocional y espiritual de la Scaloneta.
El fútbol para nosotros no es una cáscara vacía ni una pasión escapista. Ni siquiera es “un reflejo de lo que somos”. El fútbol es uno de los lugares donde la argentinidad se produce. Es un signo móvil de lo que somos.
Y acá está lo que me da vueltas en la cabeza desde hoy.
Ese sentimiento simbolizado en la Scaloneta nació y se consagró en una racha ininterrumpida de triunfos. Hasta ayer, nunca se vio obligada a procesar una derrota importante. El “Elijo creer” es una fe que se formó entera en la bonanza. Y no hay dudas de que toda fe que solo conoció la victoria arrastra una fragilidad: no sabe qué hacer con el fracaso, porque nunca lo necesitó.
Creer en la victoria es muy fácil. La pregunta de verdad, la única que importa, es cómo se cree el día después de la derrota más dura.
Y acá creo que se abren tres caminos.
El primero es el resentimiento, procesar la derrota buscando culpables. Ya sea el árbitro, la FIFA, la campaña anti-argentina (que existió), el sistema progrebienpensante moralista, la mufa. Acá lo que sucede no es que se deje de creer, sino que se empieza a creer de forma errónea. La fe se envenena de paranoia, se blinda contra la realidad y se convierte en victimismo. Solo hace falta leer un poco de todo lo que está dando vueltas en el feed para darnos cuenta de que las redes sociales ayudan mucho a generar este resentimiento.
El segundo camino es el del cinismo, dejar de creer del todo. En estos días vamos a ver varios cínicos disfrazados de lúcidos. Son los que van a decir “a ver si ahora hablamos de lo que importa”, o que incluso van a culpar a la Scaloneta por una especie de “estupidización colectiva”. En realidad, buscarán protegerse del dolor al renunciar de antemano a la alegría. Lo cierto es que renunciar a la fe solo por una derrota se parece mucho a la traición.
El tercer camino es el más difícil y, quizás por eso mismo, el mejor. Es el camino de una creencia que incorpora a la derrota sin renunciar a su fe. Saber decir que perdimos porque el otro es mejor y, a pesar de eso, no renunciar a esa unión que nos da fuerza.
Pero ojo, hay que procesar la derrota. El peligro es convertirse en el que se queda a vivir en la nostalgia, un lugar bastante cómodo para el temperamento tanguero de este país. La crítica tiene que ser honesta: la selección debe volver a jugar a la pelota porque ahí es donde mejor se encuentra con su gente.
La encrucijada cultural argentina en este tiempo no es dejar de elegir creer. Se trata de aprender a hacerlo cuando toca perder. Hay una generación entera que se está encontrando con este problema por primera vez.
Si algo tiene que dejar este ciclo como herencia, ojalá sea eso: una manera de perder que se escape de la depresión, la paranoia, el cinismo o la nostalgia.
Sí sí, ya sé que Argentina ha tenido otras derrotas, pero es innegable que la conexión que la Scaloneta generó con la gente fue algo especial. Más en generaciones como la mía o las más nuevas. El fin de este ciclo no es moco de pavo para el ánimo nacional. Los tiempos que se vienen serán acuciantes para ver de qué está hecho el carácter argentino. Ya no quedan muchas verticales sobre las que sostener la unión nacional
Algunos festejan cuando nos ven derrotados, cabizbajos, garchados. La respuesta no es tragarnos la bronca ni salir a buscar culpables. Es militar la fe y militar la unión entre nosotros, sabiendo que perdimos. Elegir eso, después de una derrota así, es lo más difícil.
Es decir, se va a poner a prueba el mito. El verdadero test para la Scaloneta no fue en Qatar ni anoche. Empezó ahora.
Nos va a llevar un tiempo, porque perder una final duele, y al dolor hay que darle su lugar. Pero un día nos vamos a despertar y nos vamos a acordar, sobre todo, de las cosas increíbles que hizo Messi en su atardecer, y de lo que sufrimos con Cabo Verde, y de cómo resucitamos en 12 minutos en octavos, y de los goles de Julián y Lautaro contra Suiza, y de cómo se lo dimos vuelta a los ingleses en la semifinal. Y vamos a darnos cuenta de que hicimos un Mundial increíble, y todo mientras teníamos que bancarnos a un montón de imbéciles que hablaron hasta por los codos, imbéciles que no tienen ni idea de fútbol ni de nuestro modo de ser y de actuar, tejiendo teorías conspirativas que nos indignan, pero en el fondo deberían causarnos gracia.
Los más grandes ya lo vivimos en Italia 90: hay Mundiales que no te dejan una estrella más en el pecho, pero alimentan tu Historia.
Así que gracias, Selección Argentina. Un abrazo grande y gracias por todo.
2021 - Copa América
2022 - Finalissima
2022 - Copa Mundial
2024 - Bicampeones Copa América
2026 - Sub campeones del mundo
Gracias Selección, Gracias Argentina 🇦🇷
Tus lágrimas son las nuestras, Capitán 👑🇦🇷
Nos diste las alegrías más grandes de nuestras vidas. Gracias por la entrega, por la magia y por dar la vida hasta el último segundo 🙌
¡Te amamos para siempre, Leo! 🩵🤍
Me quedo con el sabor dulce de los partidazos de este mundial. De los que dimos vuelta. De los goles que gritamos, los abrazos, los gritos. Somos y seremos los mejores en esto, nadie nos lo va a arrebatar.
Gracias Capitán, gracias Selección, gracias Scaloni 🙌 Gracias por estos años con la mejor selección de todos los tiempos, y lo que espero sea un gran legado para los que vendrán. Son Eternos. #graciasLeo#graciascaloneta#graciasMessi
Gracias Capitán, gracias Selección, gracias Scaloni 🙌 Gracias por estos años con la mejor selección de todos los tiempos, y lo que espero sea un gran legado para los que vendrán. Son Eternos.