Hoy quiero hablar de un logro histórico que consiguió Misiones: la certificación para generar bonos de carbono a partir de nuestra selva.
¿De qué se trata? Muy simple: nuestra selva absorbe dióxido de carbono y libera oxígeno. Ese aporte al ambiente tiene un valor y ahora puede ser medido, certificado y reconocido a nivel internacional.
A partir de esa certificación, empresas de todo el mundo que generan emisiones de carbono —como industrias, aerolíneas, navieras o grandes compañías de energía— pueden compensar parte de su impacto ambiental comprando créditos de carbono. Es una forma de equilibrar las emisiones que todavía no pueden evitar, financiando proyectos que capturan y almacenan carbono, como la conservación de nuestra selva.
¿Y qué gana Misiones? Más recursos para seguir protegiendo la selva, más oportunidades de desarrollo y el reconocimiento al esfuerzo que los misioneros hacemos hace décadas cuidando uno de los mayores tesoros naturales del país.
La idea es sencilla: que nuestra selva valga cada vez más por estar en pie y no por ser destruida.
No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Es fácil acompañar una conducción cuando todas las decisiones resultan cómodas. Lo difícil es sostener las convicciones cuando el interés personal deja de coincidir con el rumbo colectivo.
Ahí se termina la convicción y empieza el enojo. Aparece la traición, la crítica fácil y la necesidad de generar problemas en lugar de construir soluciones.
También están los que dicen mirar desde afuera. Pero no siempre están afuera. Muchas veces quedaron en los márgenes por decisiones propias, impulsadas más por el ego que por una causa colectiva.
Los años no siempre traen sabiduría. A veces solo acumulan tiempo.
La verdadera experiencia es la que enseña, acompaña y construye. La que entiende que ningún proyecto está por encima de las personas, pero tampoco ninguna persona está por encima de un proyecto colectivo.
Que todos, incluso ellos, tengan un buen inicio de semana.
No queremos acostumbrarnos.
El miedo no puede ser parte de la vida de ninguna mujer.
Porque mientras sigamos contando víctimas, el silencio nunca va a ser una opción.
Por eso hoy y siempre: Ni una menos.
Un domingo de noticias a las que no podemos acostumbrarnos.
Dulce María en Eldorado, Agostina en Córdoba. Dos vidas truncadas. El tercer femicidio en lo que va del año en Misiones.
Y mientras tanto, vemos como la violencia avanza sobre mujeres cada vez más jóvenes, en una sociedad que muchas veces llega tarde: tarde para escuchar, tarde para proteger, tarde para intervenir.
Vemos como todos los días se multiplican discursos de odio, que nacen y se replican desde quienes tienen el deber de cuidar a todos. Vemos como el odio se intensifica cuando es contra una mujer y se replica aún más. Y nadie dice nada.
Vemos como se usan chicanas para minimizar un problema que es real y hasta incluso, al punto de ridiculizar y negar la existencia de los femicidios.
La indiferencia también mata. Naturalizar la violencia nos convierte en cómplices de una tragedia que no puede seguir repitiéndose.
En este nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, reafirmemos también nuestra patria chica: nuestra divina Misiones.
Reafirmemos el derecho a decidir nuestro destino, a defender nuestra identidad y nuestra forma de ver y hacer las cosas.
Agradezcamos a esta tierra que nos cobija y nos enseña que el futuro no se espera: se construye. Libres de ataduras ideológicas, de un centralismo que poco tiene de federal, y con la convicción de cuidar lo nuestro y a nuestra gente.
Feliz Día de la Patria ❤️💙🤍
La política no puede seguir siendo un lugar cómodo para unos pocos mientras la gente pelea todos los días para llegar a fin de mes.
Este tiempo exige dirigentes que escuchen, trabajen y den respuestas.
No venimos a cuidar cargos. Venimos a hacernos cargo.
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Cuando se toca el nomenclador de discapacidad no se toca una planilla: se toca la terapia de un chico, el transporte de una familia, el trabajo de un profesional y la continuidad de instituciones que sostienen derechos todos los días.
No hay libertad si una persona con discapacidad pierde su tratamiento.
No hay eficiencia cuando el ajuste cae sobre quienes más necesitan del Estado.
Mientras Nación recorta, posterga y abandona, Misiones cuida y sostiene.
La discapacidad no es un gasto: es una causa de humanidad, justicia social y responsabilidad constitucional.
Entre hablar y hacer hay una enorme diferencia.
Sería importante que cuenten qué impuesto nacional redujeron que realmente haya tenido impacto en el bolsillo de los misioneros.
En Misiones estamos tomando medidas concretas de alivio fiscal para acompañar a trabajadores, comerciantes y productores.
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