Que fugaz fue mi estancia en tu paraíso,
Diosa cruel,
que me desterraste sin siquiera llegar a morder la manzana,
se ve que fui creado ya con el pecado original.
que a pesar de que el vacío en definitiva devorará todo, que a pesar de que ni uno solo de los hombres logre engañar a la Muerte, que a pesar de que en última instancia y con total racionalidad pueda afirmarse que nada tiene sentido, alguien, en algún lugar, escriba un poema.
En noches como hoy no me molestaría morir incinerado entre tus cabellos de fuego.
Mi existencia desaparece como cenizas con el viento ante la presencia de esos antiguos amores que todavía queman.
Solo es cuestión de tomar la decisión correcta para, de una buena vez, arder juntos.
Somos insignificantes,
nuestro eterno es pasajero,
si el mundo es una piedra,
el universo un alhajero,
yo, un espíritu viajero
en esta cárcel de carne
incapaz de aggiornarme
al todo al que me trajeron.
Mucho tiempo fui esclavo de las expectativas que generan las palabras ajenas,
un día descubrí que eso adquiere valor recién cuando se transforma en acción.
Desde entonces, la soledad es quien más me acompaña,
pero camino mucho más liviano.
Soy adicto a pensar.
Es la droga más dura que probé.
No creo que pruebe alguna más nociva.
Las cosas suelen aburrirme apenas las consigo, por eso pienso... porque nunca termina, porque nunca se llega, porque siempre hay algo más.
Una arista nueva, una puerta que no habías visto, un camino distinto, una opción diferente.
Pensar es conocerse, curarse, pero también sentirse un extraño y lastimarse.
Un arma de doble filo, peligrosa, más siendo casi las 3 de la mañana y estando tan solo.