Que bonito se siente venir de un núcleo familiar donde no tengo que debatir derechos humanos, al contrario, ellos fueron los que me inculcaron que había que luchar por todos y para todos.
Una de las cosas más difíciles de ser adulto es descubrir que la vida sigue, incluso cuando te sientes roto por dentro. Sigues adelante con tristeza, y con el corazón cansado; la vida no hace pausas para esperar a que sanes, sigue su curso y poco a poco sigues avanzando con ella.
Es facil ser piropeada, basta con un gran escote, tacones y un vestido corto. Pero para ser ADMIRADA tienes que vestir tu CEREBRO de carácter, PERSONALIDAD y valentía. Esa clase de mujer acumula belleza para su vejez
Cada día le pido a Dios sabiduría, que me permita ser una mujer paciente, edificadora, amorosa, feliz, llena de empatía y especialmente sentirme amada por él para discernir mi propósito de vida.
Señor, tú sabes que mi cabeza se llena de escenarios que no existen. Pienso de más, me adelanto, me tenso y termino cansado por cosas que ni han ocurrido. No te pido que me quites los retos, pero sí calma para no hacerlos más grandes de lo que son.
No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
madurar es entender que, como adulto, llega un momento en el que dices: "Esta es la última vez que estas personas me van a hacer sentir así" y lo sostienes. Sea familia, pareja o amistad.
No quiero ser rica por apariencias, sino por el control, de mi tiempo, ir al gym sin prisa, de vacaciones cualquier día, comer sano gracias a que puedo pagarlo, pagar las facturas por adelantado y gastar en mi familia sin estrés ni un presupuesto.
Esa es mi idea de una vida rica.
Mentí, amo trabajar, amo hacer plata, amo estar linda, amo cómprarme lo que me gusta, amo no estar estresada por no tener dinero, amo tener buenos sentimientos, amo ser la misma persona cuando tengo y cuando no. Lo último es lo que más amo.
Ahora me lo tomo con más calma, pero qué duro es ver cómo cambió mi forma de ver y querer a las personas. Ya no idealizo, ya no me entrego igual. Aprendí a poner límites, pero en el fondo extraño la inocencia con la que solía querer.