Las mismas palabras no producen los mismos efectos. Cada quien escucha desde su propia historia, sus pérdidas, sus deseos y sus temores.
Como decía Lacan, retomando a Montaigne, “la palabra es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha”. Por eso uno puede saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó.
los hombres fingís q no entendéis de q trata el consentimiento porq lo único q queréis es controlar a las mujeres ah pero en cuanto un gay intenta ligar con vosotros mágicamente ya lo entendéis