The more you optimize for happiness in childhood, the more you actually wire for anxiety in adulthood.
Dr. Becky Kennedy is right. Every time we rush to fix a kid’s upset, new toy, new plan, new distraction, we teach them hard feelings are emergencies that must end immediately. By adulthood the nervous system only knows two settings: full-on distress or full-off. No dimmer switch left.
That gap turns ordinary disappointment into panic. The feeling itself becomes the threat because it was never allowed to stay long enough to become familiar.
I want kids to know the dark is survivable, that they don’t have to scramble for the light the second it appears. That’s how the resilience muscle actually grows.
En 1934, Albert Einstein tomó su máquina de escribir en Princeton para enviar una carta a Diego Rivera. No se conocían, pero el físico había quedado impresionado por la serie de murales Retrato de América, realizada por el artista mexicano en Nueva York. En ellos, Rivera incluso había incluido al propio Einstein como símbolo del pensamiento científico y del progreso humano.
En su carta, Einstein no escatimó elogios y le confesó a Rivera que pocas obras de un artista contemporáneo lo habían conmovido de manera tan profunda y expresó su deseo de que el mundo conociera la grandeza de su talento.
Tres semanas después de recibir la carta, Rivera respondió desde Coyoacán en francés. Agradeció emocionado las palabras y escribió que el aliento recibido era inmenso, pues provenía de un hombre que habia cambiado para siempre nuestra comprensión del espacio.
La historia pudo haberse perdido para siempre. El borrador de la respuesta de Rivera permaneció oculto durante décadas entre documentos resguardados en la Casa Azul, mientras que la carta original de Einstein se conservó en su archivo personal. Solo al reunirse ambos documentos pudo reconstruirse y confirmarse este extraordinario intercambio epistolar, que fue presentado al público por primera vez en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2013.
“¿Y este profesor qué quiere con ella?, ¿ayudarle a ser poeta?, ¿y esto para qué?”. Para nada. La poesía no sirve para nada, porque no está al servicio de nada ni nadie. Es puro acto. Y en su desarrollo, lo brinda todo.
Camila Perdomo reseña "Un poeta" (2025) del director colombiano Simón Mesa Soto.
https://t.co/KuFTzwuhFU
“Hernán Cortés no es el costo que tuvimos que pagar para existir, todo lo contrario, nuestros pueblos existen a pesar de él y su barbarie.” Texto de Yasnaya Aguilar
https://t.co/GatsClq3xP
Que estudio tan brutal amigos ( la ciencia es una belleza).
Brevemente:
Los autores examinaron el envejecimiento cerebral a través del exposoma; que se trata de los diversos factores de exposición de tipo ambiental, social, político, físico que tiene una persona en su vida.
Que se encontró:
- Las exposiciones multifactoriales desencadenan más riesgo de envejecimiento, comparado con una sola exposición.
- La carga más alta de exposoma incrementa el riesgo de envejecimiento cerebral de 3-9 veces, y en algunos casos los efectos pueden estar asociados a demencia.
- Las exposiciones físicas están más fuertemente asociadas con envejecimiento cerebral de tipo estructural, mientras que las exposiciones sociales lo están con el envejecimiento de tipo funcional.
Estos estudios pueden explicar el porqué de aquellas comunidades que enfrentan múltiples vulnerabilidades, a menudo experimentan un mayor impacto en su salud cerebral.
Hace veinticinco siglos, Hipócrates —el médico de Kos— dejó inscrita una lección inolvidable en el libro de las Epidemias. Durante los estados de fiebre, algunas personas deliraban, sufrían alucinaciones, y perdían el control de su propia conducta. A veces sobrevenía (1/11)
Morena le pone la palabrita “coordinadores” a los que después serán sus candidatos y los echa a placearse por el país, en una evidente campaña adelantada.
No hay un tribunal electoral que juzgue esto como lo que es, una maniobra para saltarse la ley, porque los tribunales electorales son propiedad de Morena y de su gobierno.
Lee la columna de Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin):
https://t.co/JZWkEyQjZF.
El esoterismo evangélico de las élites estadounidenses me produce una mezcla entre la curiosidad de la antropóloga y la más absoluta náusea. Supongo que es lo más cercano que podemos encontrar al culto imperial romano. Inquietante, como poco.
«hay una dualidad que buena parte de Occidente, y en particular México, a donde está dirigido este texto, parece no aceptar con facilidad. Una sociedad aplastada, masacrada y torturada continuamente como la iraní, puede, en simultáneo, temer de verdad por su evidente fragilidad inmediata y sonreír por la muerte de Khamenei o soñar la cercanía del fin del sistema que le cobijó. Aun si eso ocurre a través de una intervención». https://t.co/czY01UcS2R
Se confirma lo que sospechábamos:
La adicción a los vídeos de corta duración reduce la actividad cerebral en el lóbulo frontal, debilitando la capacidad de concentración.
A inicio del siglo XX cuando las élites mexicanas vestían a la moda parisina, hubo un escritor que usaba kimono y hasta se construyó una casa estilo japonés en Coyoacán. 🎌👹🇲🇽 Sigue leyendo porque hoy te vamos a contar la historia del primer otaku mexicano…
69 obras de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, Leonora Carrington, José Clemente Orozco, María Izquierdo, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Ángel Zárraga, se reencuentran con el público de México después de casi 20 años.
La exposición “Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman-Santander” inicia su etapa de itinerancia en el Museo de Arte Moderno, en la tierra que vio nacer la colección y a las y los creadores que la conforman, hitos del arte moderno.
Ya la puedes visitar en el Museo de Arte Moderno hasta el 17 de mayo.
@cultura_mx
A propósito de ArtWeek 2026, te recomendamos a diez artistas mexicanos que vale la pena tener en el radar. Sus propuestas nos hablan de identidad, territorio, cuerpo y memoria.
De Nico Barraza:
https://t.co/DVPTOlvgu5
This was a brilliant answer from @harari_yuval on how AI might change the world. It's still far too early to tell, but this might become the most powerful technology ever created, so we should probably spend more time worrying about the implications of that and less time stressing over ROI every quarter. #Davos26 #WEF26
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
An evolutionary psychology perspective is that different adaptive problems forged different friendship psychologies in men and women.
Men use gossip too, but also sex-specific tactics like direct status contests and aggression.
Men’s friendships evolved for coalitions more than emotional exclusivity. They’re flexible, task-based, and replaceable because ancestral males needed to rapidly form and dissolve alliances for hunting and warfare.
Women’s friendships evolved to be more dyadic, emotionally deep, and trust-based. Women rely more on indirect aggression (e.g., gossip) because physical conflict historically posed far higher costs to survival and reproduction than it did for men.
Many modern men lack real-world coalitions. This may help explain the hunger for tribal identity online and in politics, where sex- or ideology-based coalitions substitute for missing male bonds.