No traigan hijos al mundo si no les van a preguntar cómo les fue en la escuela, si no van a compartir tiempo con ellos, si no los van a escuchar de verdad. Acompañarlos, motivarlos y hacerles sentir lo valiosos que son. Porque ni el celular ni la tablet reemplazan un abrazo.
Con mucho orgullo puedo decir que le contagié a mis hijos una expresión, bien de viejo meado, que consiste en repetir alguna palabra puntual que dijo otra persona y utilizarla para cambiar de tema:
- Quiero una bicicleta más grande.
- Escuchame bicicleta, ponete a hacer la tarea.