Quiero caminar sin miedo al ruido de la incertidumbre, al crujido de los latidos del corazón, al segundero de mi vida tic-tocando mi juventud de entre mis huesos.
¿En qué te has convertido, corazón, si no en un revuelto de pasiones y monedas, en sueños y miedos, en noches y días, en enredos de sábanas y promesas perdidas?