Melilla es española desde 1497 y Ceuta desde 1668, cuando pasó de Portugal a la Corona. Melilla, cuando la tomó Castilla, estaba en ruinas y sin control efectivo de nadie: los wattasíes de Fez y los zayyaníes de Tlemecén se la disputaban sin ocuparla. No se arrebató a ningún Estado, se ocupó un vacío. La dinastía alauí, la que reina hoy, no llega al poder hasta los años 1660: casi dos siglos después.
Pero el título español no depende de esa fecha, y ahí está su fuerza. Depende de cinco siglos de posesión continua, pacífica y efectiva, con una población que tiene ciudadanía española, vota en elecciones españolas y está representada en el Congreso. Eso es prescripción adquisitiva, la forma más sólida de soberanía que reconoce el derecho internacional.
Marruecos no reclama por herencia dinástica, no puede, sino por contigüidad geográfica y marco descolonizador. Y ahí el argumento se le complica: Ceuta y Melilla nunca fueron colonias, son territorio metropolitano con las mismas instituciones que Cádiz o Málaga, y sus habitantes no han pedido nunca cambiar de bandera. La descolonización se decide por autodeterminación, no por proximidad en el mapa.
Cinco siglos y una ciudadanía que se afirma cada vez que hay urnas. Eso no lo mueve un argumento de contigüidad.
La ONU alerta de que la Inteligencia Artificial tendrá un coste ambiental irreversible.
🔹En 2030 necesitará el 40 % de la energía de los centros de datos y el agua que consumen 1.300 millones de personas al año.
https://t.co/PGhlAkSIk9
Los salarios reales llevan tres décadas prácticamente congelados en España. Desde 1995 el salario medio ha subido solo un 5%, frente al 31% de media en la OCDE. Y esto ocurre aunque el PIB per cápita ha subido un 46% en el mismo periodo https://t.co/rPELqFAtE6
"El deseo masculino, naturalizado; el femenino, fiscalizado. Así estuvimos siglos: ellos con licencia para picotear, ellas con obligación de justificarse. Y así seguimos".
Es jueves, hay Patente de Corso.
https://t.co/eWcMQsV9dr
UNA PRIMERA VEZ
En la que lo importante no era tanto estar por primera vez en un lugar así, sino que 25.000 gargantas se juntaran con nosotros para crear una noche que fue inolvidable para esta banda.
GRACIAS 🌹
Sobre el apagón de este lunes 28 de abril comparto algunas reflexiones de un experto en sistemas eléctricos alemán. No soy experto en redes eléctricas pero si parecen reflexiones que tienen bastante sentido común. Aún así hay que esperar a que se profundize en las posibles causas reales de un apagón de tal magnitud.
Estimados colegas,
Me permito trasladarle, desde la perspectiva técnica que compartimos como profesionales del sistema eléctrico europeo, algunas reflexiones sobre la situación actual tras los recientes acontecimientos que afectaron a la red española.
Desde hace más de una década, múltiples informes, tanto de ENTSO-E (European Network of Transmission System Operators for Electricity) como de estudios internos de Red Eléctrica Española (REE), advertían de la insuficiencia estructural de interconexiones internacionales entre España y el resto del continente.
En términos de capacidad de intercambio, España apenas alcanza un 3% de su demanda máxima interconectada con Francia, muy por debajo del mínimo recomendado del 10% que fija la propia Comisión Europea como requisito de seguridad y resiliencia energética.
Este déficit, sumado a una alta dependencia de la generación renovable intermitente (eólica y solar), sin suficiente respaldo flexible y de respuesta rápida, ha creado un entorno donde cualquier evento perturbador —una caída súbita de generación, un fallo en líneas críticas o un desbalance rápido de cargas— puede provocar desviaciones de frecuencia fuera de los márgenes de estabilidad operativa (49,8 Hz - 50,2 Hz), desencadenando disparos automáticos en cascada.
A esta situación estructural se añade un retraso evidente en la implantación de sistemas de almacenamiento de gran escala (baterías industriales conectadas a 220 kV/400 kV) y en el despliegue efectivo de programas de Demand Side Management (DSM), particularmente orientados al corte controlado de cargas industriales en situaciones de emergencia (Underfrequency Load Shedding avanzado).
En Alemania, ante riesgos similares, actuamos decididamente a partir de 2005 mediante un paquete de medidas coordinadas que incluyó:
Expansión de interconexiones
Implantación obligatoria de reservas de respuesta primaria
Despliegue masivo de almacenamiento energético
Modernización de SCADA y automatización predictiva
Ciberseguridad energética estructural
Maximilian Krüger
Ingeniero de Sistemas Eléctricos Senior
50Hertz Transmission GmbH (TSO Alemania)
Una persona con cáncer no gana ni pierde batallas, no es un soldado ni un superhéroe. Tampoco debe ser usada para campañas de marketing o impulsar ventas “porque es la semana rosa”. Y no, el cáncer tampoco es de color de rosa, más bien es un marrón.
#DíaMundialContraElCáncer
Sanidad ha puesto este lunes cifras al déficit de enfermeras que España arrastra desde hace décadas: 100.000. Son las que haría falta incorporar al sistema para equiparar el ratio con el de la UE, de 8,5 por cada 1.000 habitantes, frente a los 6,5 de media https://t.co/vFVaFjEl9n
¿Por qué esta parodia no ha despertado la misma indignación que la vaquita del Gran Prix exhibida por Lalachus? Está claro que la derecha, aliada con los obispos, no desperdicia la ocasión de poner en práctica la estrategia de la tensión para forzar un cambio político. Es el mismo método de la red Gladio: alimentar la crispación, el odio y la división social para alejar a la izquierda del poder. Esta forma de proceder tiene un nombre: fascismo.
FEMINISMO: SUMAR, NO RESTAR
Sin pretenderlo, el feminismo de última generación se ha convertido en uno de los mejores aliados de la ultraderecha. La victimización radical de la mujer, la demonización sistemática del hombre, la banalización del concepto de agresión sexual y los ataques contra la familia tradicional han empujado a muchas mujeres a votar a políticos como Donald Trump, Meloni, Orban o Abascal. Esas mujeres no anhelan someterse al varón, sino que se han hartado de un discurso basado en las premisas de la izquierda woke.
El movimiento woke surgió para defender los derechos de las minorías, pero con el tiempo ha adquirido un carácter mesiánico y demagógico. Pondré un ejemplo. Normalizar las relaciones homosexuales no implica asumir que la biología es irrelevante o que el lenguaje puede deformarse con neologismos ridículos, como “todes” y “niñes”. Ha sucedido algo similar con el feminismo, al principio una ideología transformadora que apostaba por una sociedad más humana y, actualmente, un credo que alienta linchamientos incompatibles con la sensibilidad democrática. La presunción de veracidad es una aberración jurídica que no debería aplicarse en ningún caso. Ni las mujeres, ni los policías, ni los profesores, deberían beneficiarse de esa medida. La presunción de inocencia es una conquista moral que puso fin a los abusos del poder y de las multitudes enfurecidas.
En España, los casos de Errejón y Rubiales han desatado una furia inquietante. Ambos se han comportado de una forma grosera y abusiva, pero no creo que les corresponda la etiqueta de delincuentes sexuales. Como figuras públicas, sus actos merecen reprobación y sanciones, pero como ciudadanos no creo que merezcan acabar entre rejas. Las denuncias anónimas promovidas solo alimentan los peores impulsos de la sociedad. Yo he sido profesor veinte años y a veces he fantaseado con que alguna alumna a la que suspendí o sancioné por acosar a una compañera (las mujeres también hacen estas cosas), podría intentar vengarse, acusándome sin pruebas de cualquier barbaridad. De inmediato, sufriría un linchamiento y perdería toda credibilidad. Si finalmente la justicia desestimara la acusación, nunca llegaría a recuperar la imagen de hombre honesto que intento transmitir. No acabaría en el cárcel, pero sí sufriría una horrible muerte social.
El machismo es un lacra espantosa que se manifiesta con un goteo interminable de discriminaciones y mujeres asesinadas, pero no se combate con iniciativas que fomentan el conflicto y la división. En España, la nueva izquierda camina hacia la irrelevancia. En las próximas elecciones, podría desaparecer del arco parlamentario. Escuchar a Irene Montero atacando a la “progresía política y mediática” resulta desalentador, pues evidencia la fractura interna de la izquierda y la resurrección de viejos radicalismos que parecían felizmente erradicados.
La izquierda no puede aliarse con regímenes corruptos y autoritarios, como el chavismo o el castrismo. Y no debe impulsar una ingeniería social que solo está fomentando la atomización de la sociedad. La familia tradicional (abuelos, padres, hijos) es una buena fórmula, si se comparten responsabilidades y no se deja caer el peso de los cuidados sobre la mujer. La familia tradicional, una forma de convivencia que ha permitido el cuidado de los niños y los ancianos durante siglos, puede coexistir con el matrimonio homosexual.
El feminismo no debe excluir o descartar, sino sumar e integrar. Espero que recupere su espíritu original y se distancie de las extravagancias ideológicas de última hora. Si no lo hace, continuará regalando votos a una ultraderecha cada vez más fuerte e influyente. Y todos perderemos.
Rafael Narbona
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REGRESO A CICELY: UTOPÍA EN ALASKA
Doctor en Alaska (Northern Exposure, 1990-1995) ha vuelto a las pantallas gracias a Filmin, Prime y otras plataformas. Se temía que su reposición decepcionara a los que habían disfrutado de la serie en los noventa y solo suscitara tedio o indiferencia entre los espectadores más jóvenes, pero no ha sido así. Por el contrario, ha sido recibida con entusiasmo y las nuevas generaciones han detectado un toque hípster en personajes como Joel Fleischman (Rob Morrow), Chris Stevens (John Corbett) o Ed Chigliak (Darren E. Borrows).
Yo, que he visto la serie completa media docena de veces gracias a su caótico paso por la televisión española y a una edición en DVD, he experimentando una enorme alegría al comprobar que mi pasión por Cicely no es un simple gesto de nostalgia, sino el fruto de un excelente trabajo de equipo. Los magníficos guiones de los 110 episodios son la clave de ese éxito que desafía al tiempo, despertando el fervor de los que nacieron después de los noventa y no pudieron disfrutar de la serie durante su estreno.
El inexistente Cicely, el pueblo situado más al norte de Alaska, la última frontera, con sus ochocientos habitantes, su emisora local, sus nativos impasibles y su mítico bar, el Brick, componen una hermosa utopía que alimenta la pasión por la vida y el ser humano. No se puede ser pesimista tras conocer ese pequeño orbe donde no hay violencia, las disputas se resuelven con una charla amistosa y la soledad no asfixia a los más vulnerables.
Cicely escenifica una de las pulsiones básicas del ser humano: vivir en una comunidad donde el otro no es un extraño, sino alguien cercano, cordial y siempre dispuesto a ayudar. El mayor fracaso de nuestra especie es no haber logrado una convivencia pacífica y armónica. En Cicely, ese fracaso se supera. Eso no significa que no haya conflictos, pero la sangre nunca llega al río. El villano de la serie, Maurice Minnifield (Barry Corbin), un viejo astronauta y el terrateniente local, es racista, homófobo, avaricioso, egocéntrico y machista, pero sus defectos producen más sorna que indignación.
Sus proyectos para convertir Cicely en una ciudad próspera con grandes negocios fracasan una y otra vez. Ni siquiera es capaz de conservar a la chica, Shelly Tambo (Cynthia Geary), una jovencísima "Miss Paso del Noroeste" que le deja por Holling Vincoeur (John Cullum), propietario del Brick. Shelly, con diecinueve años, se enamora de un hombre de sesenta, algo que hoy día provocaría estupor y rechazo.
Afortunadamente, Doctor en Alaska no sufrió la plaga de la corrección política, ese nuevo macartismo que atenta contra la libertad creativa y el sentido común. A pesar de ser una serie progresista o quizás por eso, se ríe de los convencionalismos y los prejuicios. Holling le dice a Shelly que no la quiere por su mente, sino por su cuerpo y ella, lejos de molestarse, se muestra encantada.
En la serie creada por Joshua Brand y John Falsey, se respira libertad, frescura y descaro. Dos homosexuales abren un hostal y se casan. No son nada amanerados. De hecho, uno de ellos fue marine. Maurice detesta su modo de vida, pero les vende la casa que convertirán en un hotel y se queda horrorizado al descubrir que comparten aficiones como la cocina, las viejas películas musicales y los discos de Barbra Streisand.
La masculinidad siempre es una máscara frágil y falaz. Maurice, tan macho e incapaz de soportar que Walt Whitman amara a los hombres, tal como revela Chris desde K-OSO, la radio local, posee los mismos gustos que esos gais a los que tanto desprecia. Su racismo también se tambalea al descubrir que engendró un hijo durante su participación como marine en la guerra de Corea.
Al principio, no soporta ser el padre de un "amarillo", pero poco a poco el desdén dejará paso al orgullo, pues su hijo es ingeniero, tolera bien la bebida y casi le derrota en un pulso. Maurice es un arrogante y un fatuo, pero incomprensiblemente inspira cierta simpatía. En Cicely, nada es odioso ni repugnante. El mal no ha echado raíces. O quizás solo ha enseñado su faz más grotesca e inofensiva.
La benevolencia de Cicely no implica ingenuidad. La relación de amor-odio entre Maggie O'Connell (Janine Turner), piloto comercial, y el doctor Fleischman explora la batalla entre los sexos, agudizada por la irreversible y necesaria emancipación de la mujer. Maggie es mucho más fuerte que Joel. Independiente, con mucha autoestima y un gran coraje, su forma de ser contrasta poderosamente con el temperamento de Fleischman, un joven neoyorkino maniático, neurótico y pusilánime. A pesar de sus diferencias, serán amigos, amantes y, ocasionalmente, enemigos.
Eso sí, será una enemistad teñida de complicidades e indulgencia, donde la rivalidad siempre se resolverá de forma cómica e incruenta. Las relaciones sentimentales de los jóvenes de hoy en día reproducen esa dinámica. Ya no hay espacio para galanes presuntuosos ni mujeres dóciles. Los noventa ya esbozaban ese cambio de roles que tanto escuece a los varones incapaces de asimilar su postergación en una sociedad más libre y plural.
Doctor en Alaska está ambientada en el mundo rural, pero su espíritu se halla más cerca de la gran ciudad. Ed Chigliak, un joven mestizo, sueña con ser director de cine. Rueda cortos, escribe guiones, se cartea con Steven Spielberg, Woody Allen y Martin Scorsese. En uno de los episodios más logrados, descubre que el mejor tema para un artista es su propio mundo, no los escenarios exóticos o las historias alejadas de su experiencia personal. Ese hallazgo le inspirará un poético cortometraje donde aparecen en blanco y negro las calles y las casas de Cicely, con sus gentes enredadas en sus actividades cotidianas.
De fondo, se escuchan las Variaciones Goldberg en la versión de Glenn Gould. Chris Stevens es un exconvicto autodidacta que utiliza el micrófono de K-OSO para leer poemas de Walt Whitman, frases de Kafka y Nietzsche o largos párrafos de Carl Jung. Aficionado a la mecánica cuántica, reflexiona sobre la democracia, citando a Tocqueville, o sobre los pueblos indígenas, lamentando la violencia de la colonización. Su gusto musical es exquisito. Pincha jazz, sinfonías, cuartetos de cámara y pop-rock. Marilyn Whirlwind (Elaine Miles), nativa y ayudante de Fleischman, escucha su emisora y sube el volumen de sus auriculares al sonar "Hey Joe!", el famoso e incorrecto tema de Jimi Hendrix.
Marilyn posee la dignidad de sus antepasados y una mente suficientemente abierta para no sucumbir a los dogmas de la ciencia, una nueva religión que ha proscrito las creencias ancestrales de su pueblo. Por eso no se extraña cuando Ed aparece con un espíritu en la consulta de Fleischman o cuando Adam, un enloquecido chef, afirma que los árboles hablan.
La tienda de Ruth Anne Miller (Peg Phillips) completa la fisonomía espiritual de Cicely. Allí se puede comprar de todo y hay una estantería con libros que desempeña las funciones de biblioteca municipal. Aunque ha superado los setenta años, Ruth Anne no conoce el temor a la muerte. Cuando Ed, que trabaja en su establecimiento, le regala una pequeña parcela con vistas al río y las montañas, explicándole que podría ser su tumba, un buen lugar para descansar eternamente, agradece su gesto y lo celebra bailando sobre la tierra que cubrirá su cuerpo.
Cicely es profundamente vitalista. La muerte no ensombrece el día a día, pues todo el mundo asume que es necesaria para renovar el ciclo de la vida. Mike Monroe (Anthony Edwards), el hipocondríaco que vive en una burbuja y que mantiene un breve idilio con Maggie, acabará superando sus miedos y abandonará su encierro para luchar en defensa del medio ambiente. Lo esencial no es sobrevivir, sino vivir bien y comprometerse con la continuidad de la existencia.
Quizás la mayor virtud de Doctor en Alaska es su optimismo. Mirar la vida con alegría no está de moda. Proliferan los libros, series y películas que ofrecen una visión sombría del mundo y recrean con delectación las perversiones humanas. El pesimismo se considera un actitud clarividente, pero a mí me parece un sarampión juvenil, un rasgo de inmadurez o, si se prefiere, una lamentable forma de necedad. En Cicely no se incurre en exaltaciones pueriles. Simplemente, se celebra la amistad, el amor, la buena comida, la naturaleza, la libertad. Con humor e inteligencia.
Sus personajes están algo estilizados, pero son creíbles y humanos. En la serie no hay sermones petulantes, pero sí reflexiones muy perspicaces. El funeral organizado para incinerar los restos de un desconocido que muere en la sala de espera de Fleischman constituye una valiosa lección sobre nuestra finitud. No hay que lamentar partir, pues el hecho de haber paseado por la vida ya debería despertar una gratitud infinita.
Rabiosamente moderna, Doctor en Alaska conservará su poder de seducción durante mucho tiempo. Su compromiso con las buenas causas, como el feminismo, el respeto por la naturaleza y la diversidad cultural y sexual, explica que conecte tan bien con los jóvenes. Es arte comprometido, pero sin cargante didactismo. Yo volveré a verla con el pretexto de su remasterización, pero si he de ser sincero, mi regreso a Cicely responde en realidad al deseo de vivir allí, de ser un vecino más y poder escuchar Radio K-OSO desde la barra del Brick, hablar de cine con Ed o sobrevolar Alaska en la avioneta de Maggie. Sé que parece imposible, pero Cicely pertenece al mundo de los sueños y, en ese territorio, nada es irrealizable.
Rafael Narbona
Publicado en El Cultural el 21 de marzo de 2023
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Yo no entiendo a los defensores de la sanidad privada: o no tienen familiares mayores, o no tienen a alguien con enfermedad crónica, o han tenido la suerte de no tener que vivir de cerca una hospitalización larga o una enfermedad que requiera tratamientos caros. Es flipante.
Honestamente es absurdo pensar que por encima de los 2200 euros al mes eres rico.
El hecho que sólo un 20% de los españoles tiene ingresos más altos de los 2200 euros al mes quiere decir que somos un país de pobres, con una renta a la cola de Europa.
Afganistán, objetivo:
borrar a las mujeres✔️
El régimen talibán ha aprobado una nueva “ley de moralidad” que obliga a las mujeres a cubrirse el rostro y el cuerpo para evitar “causar tentación”.
Se prohíbe el sonido en público de las mujeres incluyendo cantar, recitar o hablar frente a micrófonos. Asimismo prohíbe a los conductores transportar a mujeres adultas sin un tutor masculinoa legal.
El Ministerio de la virtud y el vicio se encargará de hacer cumplir la ley. De lo contrario, habrá castigos y hasta penas de cárcel.
Qué tremendo horror y cuánto silencio de las instituciones internacionales y de los gobiernos de todo el mundo ante semejante barbarie.
Os recomiendo muchísimo este documental recién estrenado sobre la vida actual de las mujeres afganas: aisladas, sometidas, adoctrinadas, desesperanzadas…
Treating women’s mental health in Afghanistan | W... https://t.co/mL8BQzSNJp vía @YouTube
No las abandonemos.
¿POR QUÉ EL ESTADO DE ISRAEL ASESINA A NIÑOS PALESTINOS?
Matar a los niños palestinos no es un accidente ni un daño colateral, sino una forma de abortar la continuidad del pueblo palestino
El pueblo judío ha legado grandes pensadores a la humanidad. Solo en el siglo XX podemos citar a Emanuel Lévinas, Martin Buber, Günther Anders, Hanna Arendt, Walter Benjamin, Adorno, Horkheimer, Husserl, Hans Jonas, Sigmund Freud o Erich Fromm. Es una pequeña muestra de una lista inacabable. Ninguno aprobaría los crímenes del Estado de Israel en la Franja de Gaza. Lévinas habla de “una responsabilidad absoluta hacia el Otro”. La perfección moral consiste en asumir el cuidado del débil, del enfermo, del paria: “El Otro es el pobre y el despojado y nada de lo que concierne a este Extranjero puede dejarnos indiferente”. El Otro es el palestino, que vive hacinado en una estrecha franja de tierra, soportando una ofensiva militar que ya se ha cobrado 40.000 vidas, la mayoría mujeres y niños.
Israel no quiere testigos de sus crímenes. Sabe que las fotos de niños palestinos masacrados están desatando una oleada de rabia e indignación en la opinión pública internacional. En su ya clásico ensayo El principio de responsabilidad (1985), el filósofo judío Hans Jonas escribe: “En cada niño que nace la humanidad da comienzo de nuevo frente a la muerte y, por tanto, entra en juego la responsabilidad por la continuidad del hombre”. Jonas nació en Alemania, se exilió cuando Hitler llegó al poder, combatió en las filas de la brigada judía del ejército británico, regresó a su tierra natal y, tras buscar a su madre, descubrió que había muerto en Auschwitz. Sionista convencido, se marchó entonces a Palestina y participó en la guerra árabe-israelí de 1948. Desencantado por el rumbo militarista del naciente Estado de Israel, rompió con el sionismo y pasó el resto de su vida en Nueva York, ejerciendo la docencia universitaria y publicando libros. Sus palabras nos sirven para comentar los crímenes del las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza. Matar a los niños palestinos no es un accidente ni un daño colateral, sino una forma de abortar la continuidad del pueblo palestino.
Hace unos años, la parlamentaria israelí Ayelet Shaked, diputada del partido Hogar Judío, una fuerza religiosa y agresivamente nacionalista, consiguió que las redes sociales le asignaran como apodo El Ángel de la Muerte, tras declarar que los terroristas palestinos “tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas. Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podrían realizar atentados. Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes”.
Las palabras de Ayelet Shaked no constituyen una anomalía, sino el reflejo de la mentalidad predominante en la sociedad israelí. Cuando se llega a estos extremos de odio, solo se puede hablar de una sociedad enferma que justifica y alienta un genocidio. Es la misma mentalidad de los alemanes que apoyaron a Hitler, celebrando el sufrimiento de los judíos europeos. Acusar de antisemitismo al que denuncia los crímenes Israel siempre es el recurso más fácil y demagógico, ocultando que hay un deseo real de expulsar a los palestinos de sus hogares para consumar el sueño de un Estado exclusivamente judío, con una extensión que se correspondan en la medida de lo posible con la fronteras bíblicas. Según el Antiguo Testamento, Eretz Israel (Territorio de Israel) debería comprender la tierra existente entre el Nilo y el Éufrates: 46.000 millas cuadradas que abarcarían Siria, Líbano, la zona nororiental de Irak, la parte norte de Arabia Saudí, la franja costera del Mar Rojo y la Península del Sinaí. Es imposible realizar esta utopía veterotestamentaria, pero muchos líderes israelíes han considerado y consideran que la actual Cisjordania solo es en realidad Judea y Samaria, dos provincias de Eretz Israel. Los palestinos deberían abandonar esa tierra y diseminarse por Jordania o Siria. Dado que no es posible forzar una nueva Nakba (el desplazamiento forzoso de casi un millón de palestinos provocado por el recién nacido Israel en 1948), Netanyahu y los que le precedieron han preferido impulsar las colonias ilegales en Cisjordania, apropiándose del 80% de las capas freáticas del subsuelo. Sin el control de los recursos hídricos, la Autoridad Nacional Palestina no podría garantizar la subsistencia de la población, lo cual provocaría una emigración forzosa, una forma de limpieza étnica que no despierta tanto rechazo como las operaciones militares.
En cuanto a Gaza, a veces es inevitable pensar que podría aplicarse al gobierno israelí el mismo razonamiento utilizado por el prestigioso filósofo judío Erich Fromm para describir la psicología de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda e Información del Tercer Reich: “Cuán débil y vacío se siente uno cuando no puede ejercer el poder sobre alguien y de qué modo ese poder le proporciona nuevas fuerzas”. Ni Estados Unidos ni la UE aplicarán sanciones, pues Israel es una pieza clave en el control de Oriente Medio.
Hay una razón más por la cual el Estado de Israel mata a los niños palestinos. Lo explica Manlio Dinucci en “Gaza: el gas en la mirilla” (Red Voltaire, 18-07-14): “Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania”. En 1999, Yaser Arafat llegó a un acuerdo con British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors para explotar Gaza Marine. La titularidad de las acciones se repartiría del siguiente modo: un 60% para British Group, un 30% Consolidated Contractors un 30% y un 10% para el Fondo de Inversiones de la Autoridad Nacional Palestina. Se perforaron dos pozos, pero Israel los bloqueó, pues desea apoderarse de Gaza Marine. Tony Blair, representante del Cuarteto Diplomático para la Paz en Oriente Medio, gestionó un acuerdo que reservaba tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas para Israel, excluyendo a los palestinos de cualquier derecho. El resto de los ingresos se depositaría en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres. Hamás ganó las elecciones en 2006 y afirmó que el acuerdo constituía un robo, asegurando que se opondría a él por todos los medios. Moshe Ya’alon, ministro israelí de defensa, respondió: “el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control de Hamás en Gaza”.
La destrucción de Gaza no es un castigo a Hamás por el abominable atentado del 7 de octubre, sino parte de una estrategia de Tel Aviv para adueñarse de “las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria”. De paso, Israel y Washington dejan fuera de juego a Rusia, que no cesa de retroceder en la región, cada vez más hostigada en todos los frentes por Estados Unidos, principal artífice del conflicto ucraniano. Tanto la fallida Revolución Naranja ucraniana de 2004 como la actual guerra en curso responden al objetivo de boicotear las rutas comerciales del gas ruso como un primer paso hacia un ambicioso objetivo: desmantelar la Federación Rusa, repitiendo la jugada de Washington y Bonn –capital de la antigua RFA- en Yugoslavia. La Guerra Fría no ha vuelto, pero sin su trasfondo ideológico.
Mientras tanto, siguen cayendo las bombas en Gaza. Israel es el estado 51 de EEUU y no se atrevería a cometer matanzas de civiles palestinos sin su consentimiento. Es muy fácil odiar al Estado de Israel en estos días, pero la prioridad no es odiar, sino comprender y solidarizarse con las víctimas. Pienso que es posible vivir que judíos y palestinos puedan llegar vivir. Parece improbable, pero sin utopías, si únicamente concedemos credibilidad al pesimismo, la historia de la humanidad se reduce a un canto a la crueldad.
Rafael Narbona