Abro Hilo
Hoy escribo únicamente como mamá.
Durante meses confié en que la Unidad Educativa Balandra Cruz del Sur protegería a mi hijo. Confié en que, al conocer que estaba siendo víctima de bullying, actuaría con firmeza, empatía y @DanielNoboaOk@Educacion_Ec
المذيع الامريكي الشهير #جيمي_كيميل يصف ماحدث في مبارة مصر بانه #سرقة_بنكية ويعلن عن مقاطعته لبقية المباريات ، كما يذكر رأي تيري هنري وجوزيه مورينيو الي وصفوا الاحداث بأنها " سرقة في وضح النهار "
Durante años nos vendieron un relato: que Messi era un Dios del futbol. Que todo lo que ganó con el Barça, sus Balones de Oro y sus títulos con Argentina eran consecuencia exclusiva de su supuesto talento divino. Construyeron la imagen del futbolista perfecto: noble, humilde, intocable y merecedor de absolutamente todo.
Pero ese relato empezó a desmoronarse con el caso Negreira. Durante más de una década, el Barcelona realizó pagos por supuestas asesorías arbitrales a quien era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Esa sombra inevitablemente alcanza los títulos de aquella etapa y también una parte de los números que inflaron el mito de Messi.
Después llegaron los Balones de Oro, donde los criterios cambiaban según conviniera para premiarlo.
En 2010 se impusieron las estadísticas individuales por encima de los títulos y de las extraordinarias temporadas de Xavi, Iniesta y Sneijder.
Y ni siquiera puede ignorarse que su primer Balón de Oro, en 2009, llega después del escandaloso arbitraje de Stamford Bridge, una de las mayores polémicas de la historia reciente del futbol.
Los Balones de Oro de 2011, 2012 y 2015, para mí, fueron merecidos.
Pero en 2019 volvió la polémica. Messi terminó llevándose el premio prácticamente por ser el máximo goleador de LaLiga, mientras Virgil van Dijk completó una temporada extraordinaria con el Liverpool, conquistando Europa y siendo el mejor defensor del mundo.
En 2021, el Balón de Oro debió ser para Robert Lewandowski, que venía de romper todos los registros con el Bayern. El gran argumento para premiar a Messi fue la Copa América.
Y en 2023 la contradicción fue todavía mayor. El Mundial pasó a ser el criterio absoluto para entregarle otro Balón de Oro, mientras Erling Haaland firmó una temporada histórica ganándolo prácticamente todo con el Manchester City y Kylian Mbappé también tuvo números extraordinarios. Curiosamente, lo que en 2010 no importó —los títulos colectivos— ahora sí era determinante. Los criterios cambiaban según el ganador.
Con Argentina también hubo un antes y un después.
Antes de 2021, una enorme parte de la propia afición argentina señalaba a Messi como un “pecho frío”, incapaz de aparecer en los momentos decisivos. Luego vinieron su renuncia a la selección, sus acusaciones contra la CONMEBOL por supuestos favoritismos hacia Brasil y, llamativamente, comenzaron a aparecer decisiones arbitrales que constantemente terminaban beneficiándolo.
También resulta difícil ignorar que la Copa América pasó de disputarse cada cuatro años a celebrarse cinco veces en apenas una década, hasta que finalmente Messi pudo levantar el trofeo.
En 2022, Louis van Gaal dejó una frase que dio la vuelta al mundo: que querían hacer campeón a Messi y que algún día la verdad saldría a la luz.
Y, guste o no, ese proceso ya comenzó.
Cada vez son más las personas, incluso fuera del futbol, que dejan de ver a Messi como un héroe intocable y empiezan a verlo como un futbolista al que el sistema protegió y benefició hasta niveles difíciles de justificar. Como un producto construido alrededor de intereses deportivos, políticos y comerciales. Como la gran figura que la FIFA decidió convertir en leyenda.
Y eso, inevitablemente, termina manchando su legado.
Por eso yo nunca compraré el relato del “GOAT”.
Durante toda mi vida voy a combatir esa narrativa. Para mí, Messi fue un genio con el balón, nadie puede negar su talento. Pero también fue un futbolista cuyo legado quedó marcado por Negreira, por decisiones arbitrales polémicas, por criterios cambiantes en los premios individuales y por un sistema que, demasiadas veces, jugó a su favor.
En mi historia no será el mejor futbolista de todos los tiempos.
Será recordado como el Falso Mesías: un genio, sí, pero también una figura cuyo mito, en opinión de millones, fue construido, beneficiado y protegido por el sistema.
CONTUNDENTE!!!! Egas es el principal culpable de este FRACASO. La FEF deja de lado los intereses de todo un PAÍS. Siempre lo supimos, convocatorias manoseadas, muy evidentes y Beccacece un TÍTERE que se prestó para la CORRUPCIÓN.
Mientras Michell Deller y Francisco Egas sean dueños de la FEF los resultados serán similares...
Convirtieron a la selección en una sucursal de independiente del valle, no solo por poner jugadores de ese equipo sino por la forma de trabajar...
Los objetivos de IDV (Propios institucionales y respetables) no son ganar títulos sino vender jugadores...
Ni siquiera su objetivo es formarlos...
Incluso su venta más cara, Moisés Caicedo, no se formó en IDV, sino que fue comprado al Espoli cuando ya tenía cierta edad y solo lo puso a competir...
Entonces la FEF al convertirse en el gran feudo de IDV, ya sus objetivos no son el éxito deportivo, sino el éxito comercial...
Entonces ves como la selección nacional se convirtió en un lugar donde se muestran jugadores, cuando el fin de la selección es escoger a los mejores....
Eso aplaudieron, de eso se enamoraron, disfruten las consecuencias...
@somos_FOX@MotherSoccerOf No le creo nada. La señora no es periodista, es hincha con micrófono que incitó a la agresión, debe ser despedida o por lo menos sancionada x el medio de comunicación