@ASEM_SRE Rafa querido: Dejas un gran vacío. Ten la certeza que es tan grande como tu legado y el #OrgulloSEM que tan dignamente representaste siempre en este #G80. Te extrañemos siempre 💖.
A la gente de Tenerife,
Mi nombre es Tedros, y ejerzo como Director General de la Organización Mundial de la Salud, el organismo de las Naciones Unidas responsable de la salud pública mundial. No es habitual que escriba directamente a la gente de una sola comunidad, pero hoy siento que no solo es apropiado, sino necesario.
Quiero hablarles directamente, no a través de comunicados de prensa ni informes técnicos, sino de ser humano a ser humano, porque se lo merecen.
Sé que están preocupados. Sé que cuando escuchan la palabra “brote o epidemia” y ven un barco acercarse a sus costas, afloran recuerdos que ninguno de nosotros ha logrado superar del todo. El dolor de 2020 sigue siendo real, y no lo minimizo ni por un momento.
Pero necesito que me escuchen con claridad: esto no es otro COVID-19. El riesgo actual para la salud pública derivado del #hantavirus sigue siendo bajo. Mis colegas y yo lo hemos afirmado sin ambigüedades, y lo repito ahora. El virus a bordo del MV Hondius es la cepa Andes del hantavirus. Es grave. Tres personas han perdido la vida, y nuestro corazón está con sus familias. El riesgo para ustedes, en su vida cotidiana en Tenerife, es bajo. Esta es la evaluación de la OMS, y no la hacemos a la ligera.
En este momento, no hay pasajeros con síntomas a bordo. Un experto de la OMS está en ese barco y los suministros médicos están disponibles. Las autoridades españolas han preparado un plan cuidadoso y detallado: los pasajeros serán trasladados a tierra en el puerto industrial de Granadilla, lejos de las zonas residenciales, en vehículos sellados y custodiados, a través de un corredor completamente acordonado, y repatriados directamente a sus países de origen. Ustedes no tendrán contacto con ellos y sus familias tampoco. También quiero decirles algo más, algo que va más allá de la ciencia.
Agradecí personalmente al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la decisión de España de acoger este barco. Lo califiqué de acto de solidaridad y deber moral. Porque eso es exactamente lo que es. Quiero que sepan que la solicitud de la OMS a España no fue arbitraria. Se realizó en pleno cumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional, el marco jurídicamente vinculante que define los derechos y obligaciones de los países y de la OMS cuando responden a eventos de salud pública de importancia internacional. Según esas normas, debe identificarse el puerto más cercano con capacidad médica suficiente para garantizar la seguridad y la dignidad de quienes están a bordo. Tenerife cumplió ese criterio y España lo honró. Casi 150 personas de 23 países llevan semanas en el mar, algunas de luto, todas asustadas, todas deseando regresar a casa. Tenerife ha sido elegida porque tiene la capacidad médica, la infraestructura y sé que la humanidad necesaria para ayudarles a llegar a un lugar seguro.
Y porque lo creo profundamente, estaré allí en persona. Tengo la intención de viajar a Tenerife para observar esta operación de primera mano, para estar junto a los trabajadores sanitarios, el personal portuario y los funcionarios que la están llevando a cabo, y para rendir mi homenaje personal a una isla que ha respondido a una situación difícil con dignidad, solidaridad y compasión. Su humanidad merece ser presenciada, no solo reconocida desde la distancia.
Como he dicho muchas veces: los virus no entienden de política ni respetan fronteras. La mejor inmunidad que tenemos es la solidaridad.
Tenerife está demostrando esa solidaridad hoy. El capitán del barco, Jan Dobrogowski, la tripulación y la empresa que opera el buque han mostrado una colaboración ejemplar en este momento tan difícil. En nombre de la Organización Mundial de la Salud, y en nombre de esos pasajeros y de sus familias en todo el mundo, agradezco al pueblo de Tenerife y a todas las demás personas involucradas.
Por favor, cuídense ustedes y cuídense los unos a los otros. Confíen en los preparativos que se han llevado a cabo. Y sepan que la OMS está con ustedes, y con cada persona en ese barco, en cada paso del camino.
Con respeto, cariño y gratitud,
Tedros
En el marco del Día del Niño, te invitamos a sumarte a esta causa y regalar una sonrisa a niñas y niños en tratamiento médico. 💙
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Créanme que encontrar y armar series de datos que contengan 100 años de información no es fácil. El @imcomx hizo un gran trabajo al documentar, con el apoyo del @INEGI_INFORMA, 100 años de datos de participación de mujeres en la economía. Aquí lo tienen:
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A new chapter in telling Kenya’s story to the world.
Magical Kenya – Come Experience the Wonder.
Our latest cinematic brand film, “The Origin of Wonder,” invites the world to see Kenya not just as a destination, but as a place of connection where nature, culture, rhythm, and humanity come together in a profound and timeless way.
This film is not simply about showcasing attractions. It is a sensory journey that captures the spirit of our nation, the landscapes that inspire awe, the cultures that carry our heritage, and the rhythms that define who we are.
Kenya is more than a place you visit.
It is a place you feel.
A place that reminds us of something ancient within ourselves. Our Origin.
As Magical Kenya we welcome the world to rediscover wonder. Wonder in our wildlife, our people, our cultures, and our breathtaking beautiful landscapes.
Karibu Kenya. Come experience the wonder.
#MagicalKenya #OriginOfWonder #ComeExperienceTheWonder #BrandKenya
📖🖋️ Leer libros físicos y escribir a mano mejora la comprensión lectora y la memoria.
Desde la infancia, el papel favorece procesos cognitivos más profundos que las pantallas. “Hoy no se trata de rechazar la tecnología, sino de resaltar los beneficios del papel para el aprendizaje profundo.” https://t.co/Uab1f0agDC https://t.co/vgxFdrZuz6
@Arturo_Sarukhan Desvirtúa gran parte de nuestro trabajo y dice muchas mentiras, pero conocer el discurso no permite identificar argumentos, entre lo que sí hacemos, para desmentirlo.
@Arturo_Sarukhan Léalo. Habla mucho de México, pero también de China, los islamistas, los carteles de droga y tráfico humano en todo Latinoamérica y la manipulación para conceder la ciudadanía a cientos de miles de migrantes para conseguir sus votos, no que lo hagan los consulados.
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
«Si una opinión contraria a la tuya te hace enfadar, es señal de que inconscientemente eres consciente de que no tienes ninguna buena razón para pensar como lo haces.
Si alguien sostiene que dos y dos son cinco, o que Islandia está en el ecuador, deberías sentir lástima en lugar de enfado, a menos que sepas tan poco de aritmética o geografía que su opinión haga tambalear tu propia convicción contraria. Las controversias más salvajes son aquellas sobre asuntos sobre los que no hay pruebas fehacientes de ningún tipo. La persecución se utiliza en teología, no en aritmética, porque en aritmética hay conocimiento, pero en teología sólo hay opinión. Así que, siempre que te encuentres enfadado por una diferencia de opinión, permanece alerta; probablemente descubras que tu creencia va más allá de lo que justifica la evidencia».
Bertrand Russell
@jacome_cid El derecho consuetudinario tiene muchas virtudes. Pero los asuntos penales en cuestiones migratorias son un claro ejemplo de que la interpretación de la aplicación de la ley crea contrariedades muy difíciles de justificar. Nuestro trabajo no es sencillo para explicar esto.
📷: Preamble of the UN Charter with handwritten notes.
80 years ago, 50 nations met in San Francisco, USA, to create a new organization for peace, prosperity & human rights.
The ideals laid out in the Charter remain as relevant as ever. https://t.co/swaalYr2Ar