Cogieron unos mototaxistas en Santa Marta, Abelardo quería presentarlos como con gran golpe contra los Conquistadores de la Sierra Nevada, les tenían montado el show con armas y municiones. Luego un juez los dejó en libertad. No faltan las focas que aplauden esos falsos positivos
Mi novio me invitó a cenar por San Valentín, a un lugar lindo, romántico y caro. Me dijo que pasaba por mí, pero le respondí que no se preocupara, que yo llegaba por mi cuenta. Me arreglé, me puse linda… y pedí un conductor por la app.
Confieso que mi fantasía más sucia siempre ha sido esa: coger con uno de esos conductores, un completo desconocido en su propio auto, insinuármele y que me tome como si fuera suya. Y cuando vi quién llegó… un señor guapo, elegante, oliendo delicioso… sentí el cosquilleo subirme desde el estómago. Su mirada fue amable, pero me recorrió el cuerpo sin disimulo. En ese instante supe que podría cumplirlo con él.
Arrancó y me dijo que me veía muy linda, que si iba a una cita. Y sin saber ni cómo, nerviosa y un poco caliente, le dije que sí… pero terminé contándole mi fantasía. Sonrió como si no me creyera, pero una de sus manos se fue directo a mis tetas, a amasarlas con hambre, con gusto, como si estuviera esperando que alguien le diera permiso para eso desde hacía años. Vi su anillo. Era casado. Y no sé por qué, pero eso me prendió todavía más. No lo detuve. Solo lo dejé hacer… hasta que me lancé sobre su verga como una mujer poseída, como una obsesa por una polla desconocida, mientras él gemía y seguía conduciendo.
Se desvió y se detuvo en un lugar solitario. Y ahí me cogió. Con fuerza. Sin piedad. Con la urgencia de un hombre que, como él mismo me dijo después, hace años no se folla así a su mujer. Se corrió en mi boca… y también dentro de mi coño. Cuando terminamos, me pidió mi número y me dio el suyo. Se quedó con mi tanga como trofeo, como prueba de que lo que había pasado no era un sueño.
Luego me llevó al restaurante. Antes de bajarme me dio un beso, una nalgada tan fuerte que me dejó el culo ardiendo, y me ordenó que apenas viera a mi novio lo besara, que ese imbécil niñato probara el sabor de la verga de otro en la boca de su chica. Solo pude responder: sí, señor. Metió los dedos en mi coño, los sacó, los chupó… y me dijo que esto se iba a repetir. Asentí sin pensarlo.
Me bajé del carro temblando. No sabía si era por el susto de lo que acababa de hacer o por lo caliente que aún estaba. Caminé hacia el restaurante con las piernas débiles, la nalga ardiendo, sin ropa interior, sintiendo cada gota moverse entre mis piernas… y ahí estaba mi novio, sonriéndome desde la ventana, saludándome con la mano.
Y solo pienso en caminar hacia él… y cumplir la orden de mi nuevo amo: besarlo con el sabor de otro.
@dayanithahot Todo empieza en un bar y unos cocteles para ponernos en sintonía, una buena charla y coqueteo mientras la temperatura sube y sube. El deseo empieza a ser incontrolable por lo que tenemos que cambiar de escenario para dar rienda suelta al placer 🌋