Siempre me ha parecido curioso que, cuando desayuno, me vuelve a dar hambre a las pocas horas, pero si me salto el desayuno puedo pasar gran parte del día sin antojos.
un día se te quita el miedo de perder a las personas, de empezar de cero, te vuelves adicta a tu tranquilidad y aunque a veces la soledad duela y los nuevos comienzos sean difíciles, entenderás que siempre vas primero y que por nadie vale la pena apagarse, descoserse o romperse.