Hoy me aferro a Tu promesa: "El llanto podrá durar toda la noche, pero a la mañana vendrá la alegría" (Salmo 30:5). Aunque esta noche parezca larga y pesada, ayúdame a recordar que las lágrimas no tienen la última palabra, porque mi esperanza está en Ti.
Señor, hoy no tengo fuerzas para cargar sola con este dolor. Quédate cerca de mi corazón quebrantado, sostén mi cuerpo cansado y ayúdame a atravesar este momento confiando en que Tú estás conmigo aquí.
Si no está en tus planes que lo tenga, Señor, te pido que también apartes de mi corazón el deseo de anhelarlo. Dame paz para aceptar tu voluntad y fortaleza para encontrar calma aun en su ausencia.
Gracias Dios por protegerme y no permitir muchas cosas en mi vida, tu tienes tus razones.
A veces no entendemos porque pasan o no pasan las cosas pero cree que Dios tiene una buena razón para permitir o no que las cosas sucedan.
Se agradecido en todo momento.