Mi exsuegra siempre decía que yo no era suficiente para su hijo. Que él merecía a alguien de su nivel me dejó claro. Dos años después, fui invitada a un evento del trabajo… y ahí estaba ella, vendiendo postres en la entrada. Me miró, bajó la mirada. Yo solo compré un queque y le dije: Está rico, señora.