Hm. —el beso sirve para que se olvide momentáneamente de cualquier otra cosa, así que se limita a pegarse un poquito más a él.— La niña de Maggie y Walter es una lindura, ¿verdad?
Sí, creo que sí que me ayuda. Muchas gracias, Maggie.
—Le ofrece una cálida sonrisa y, cuando ve que la niña comienza a extender los bracitos en dirección a su madre, se la devuelve de inmediato.—
¿Y cómo lo lleva Walter? Imagino que no será de esos padres que se desentienden.
Bueno, es difícil de explicar. Tu hermano dice que el mio fue bastante rápido, pero aún así yo estaba tan centrada en mi bebé que ni era consciente del paso del tiempo. Duele mucho, no te diré que no, pero también me sentí como con muchas fuerzas. No se si eso te ayuda.
¿Fue muy duro? Es decir, sé que es diferente para cada mujer, pero es lo único que me da un poco de miedo.
—Pero ese miedo le parece mínimo ahora que tiene a Juliet en brazos, porque solo puede pensar en lo mucho que quiere hacerlo con un bebé que sea suyo.—
—Nunca deja de tener un ojo puesto en su hija, pero parece tan calmada en brazos de Jane, que puede permitirse mirar a su amiga, ofreciéndole toda su atención.—
Claro, dime.
Sí, creo que sí. Tiene cara de que va a ser tan buena como vosotros dos.
—Sigue un poco embobada con la niña, pero finalmente alza la vista para mirarla a ella otra vez.—
¿Puedo preguntarte una cosa? Es sobre el parto.
—Ella también sonrie en respuesta, porque una de las cosas que más le gusta de la maternidad es poder compartir su felicidad con quien más quiere.—
¿Tu también lo crees? Yo la veo igual que Walter cuando duerme, no se si tiene sentido.
Mi padre era bastante alto, y yo lo soy también, así que no me extrañaría.
— No va a decir que Jane es excepción en la familia y se ha quedado chiquita.—