Los venezolanos no estamos felices,
no es verdad que los venezolanos estan bailando en las calles.
Ni antes ni mucho menos ahora después de estos dos terremotos.
Por favor, ¡No lo repitan más!.
Cada vez que lo dicen, se convierte en una grieta en el alma más profunda que la que hay ahora en los edificios.
Venezuela no está feliz con este régimen.
Es un país sin gobierno, antes y después del 3 de enero.
Venezuela merece tener a alguien que la cuide, tener a alguien a quien le importe realmente su bienestar, su futuro.
Quien torturó, quien asesinó, quien persiguió, quien robó y creo la crisis, no puede manejar esta nueva crisis.
Su presencia allí solo seguirá generando más fallecidos, más desesperanza.
La llamada "fase dos" de la recuperación, ahora es cien veces más retadora.
Pero ni la primera que se había concebido ni esta, terminarán de materializarse nunca mientras la sigan delegando a criminales inhumanos quienes desprecian a su propio pueblo.
Deben ser desplazados de inmediato.
Los venezolanos necesitan a autoridades que estén a la altura de su propio corazón, compasivos, talentosos, honestos.
No le den más aire a quienes condenaron a morir sin oxígeno a tantos después de estos terremotos.
Allí en las oscuridad de las ruinas que quedaron apiladas, y en las que ellos han convertido a Venezuela.
No permitan que sigan lastimando a millones de venezolanos.
Ya es suficiente con los miles quienes van a tener que empezar a despedir a los suyos en los próximos días, cuando todos salgamos de este shock y comencemos a procesar las espantosas y reales cifras de fallecidos y heridos que el régimen también empezará a negar.
La peor tragedia de Venezuela, sigue en Miraflores.
🇻🇪🇸🇻‼️| Un rescatista venezolano se mostró conmovido por la actitud y la empatía de los ayudantes que Nayib Bukele envió a La Guaira: “Quizás la gente me dirá que soy un adulador, pero no me importa. Quiero una mención especial a Nayib Bukele y la gente de El Salvador. Yo vi esa gente trabajar y se me aguaron los ojos. Trabajaron como si fueran venezolanos”.
Gracias, Jesús, @CommanderRomero por hablar con la autoridad moral de quien ha dedicado casi cuatro décadas a servir a Estados Unidos y a defender sus mejores valores. Me permití traducir la carta al español. Venezuela agradece tu voz firme, respetuosa y valiente. 🇺🇸🇻🇪
Carta abierta al embajador Barrett
Jesús Romero
@CommanderRomero · @usembassyve
Estimado embajador Barrett:
Mi nombre es Jesús Daniel Romero. Soy estadounidense de nacimiento, hijo de padre venezolano y madre estadounidense. Serví con orgullo a Estados Unidos durante más de 22 años en servicio activo en la Marina de los Estados Unidos, de la cual me retiré como oficial de Inteligencia Naval. Posteriormente, trabajé durante otros 15 años como especialista en Operaciones de Inteligencia del Departamento del Ejército, hasta mi jubilación del servicio federal en 2022. A lo largo de mi carrera también presté servicio a nuestro país en varias naciones de América Latina, desempeñando funciones diplomáticas en apoyo al Departamento de Defensa y contribuyendo a los intereses de seguridad nacional y a los objetivos de política exterior de Estados Unidos.
Los valores de Estados Unidos —la libertad, la justicia, la dignidad humana y el Estado de derecho— no son para mí simples ideales. Son principios que he defendido durante toda mi trayectoria militar y civil.
Como muchas otras personas, escuché con atención su reciente entrevista. Debo decirle que sus declaraciones me decepcionaron profundamente. Contrastan de manera evidente con los valores a cuyo servicio y defensa he dedicado mi vida.
La relación con cualquier gobierno nunca debe establecerse a costa de la claridad moral, particularmente cuando se trata de un régimen ampliamente cuestionado por su historial en materia de derechos humanos. En un momento en el que el pueblo venezolano sufre las consecuencias de un devastador desastre natural, muchos percibieron sus palabras como innecesariamente condescendientes con quienes ejercen el poder, en lugar de solidarias con las víctimas.
Haya sido esa o no su intención, las palabras importan. Las declaraciones públicas de un embajador de Estados Unidos tienen un peso enorme, especialmente durante los momentos de crisis. La historia suele recordar no solo las decisiones que toman los funcionarios públicos, sino también las palabras que eligen cuando la gente busca liderazgo, compasión y claridad moral.
No he logrado encontrar a una sola persona que haya expresado públicamente su apoyo o acuerdo con sus comentarios. Por el contrario, la reacción pública abrumadora ha sido de decepción, incredulidad y preocupación. Eso, por sí solo, debería invitar a una pausa y a una reflexión.
Le pido respetuosamente que considere el impacto que sus palabras han tenido sobre innumerables venezolanos, entre ellos muchos que durante años han visto a Estados Unidos como un faro de libertad, justicia y esperanza. En medio de un momento de profundo sufrimiento humano, muchos esperaban empatía y claridad moral por parte del representante de Estados Unidos. Lamentablemente, sus declaraciones transmitieron algo muy distinto.
Como alguien que ha dedicado casi cuatro décadas al servicio de esta nación, vistiendo el uniforme, trabajando en labores de inteligencia y cumpliendo misiones diplomáticas en el extranjero, me sentí obligado a expresar mi profunda decepción. El servicio público se mide, en última instancia, no solo por los cargos que ocupamos, sino por los principios que defendemos cuando más se ponen a prueba.
Respetuosamente,
Jesús Daniel Romero
Capitán de Corbeta, Marina de los Estados Unidos (Ret.)
Especialista en Operaciones de Inteligencia, Departamento del Ejército (Ret.)
@usembassyve
Dear Ambassador Barrett,
My name is Jesus Daniel Romero. I am an American by birth, born to a Venezuelan father and an American mother. I proudly served the United States for more than 22 years on active duty in the U.S. Navy, retiring as a Naval Intelligence Officer. I later served an additional 15 years as an Intelligence Operations Specialist with the Department of the Army, retiring from federal service in 2022. Throughout my career, I also served our nation overseas in several Latin American countries in diplomatic assignments supporting the Department of Defense and advancing United States national security interests and foreign policy objectives.
The values of the United States—freedom, justice, human dignity, and the rule of law—are not simply ideals to me. They are principles I have defended throughout my military and civilian service.
Like many others, I listened carefully to your recent interview. I must tell you that I was deeply disappointed by your comments. They stand in stark contrast to the values that I have spent my life serving and defending.
A relationship with any government should never come at the expense of moral clarity, particularly when dealing with a regime that has been widely criticized for its human rights record. At a time when the Venezuelan people are suffering the consequences of a devastating natural disaster, your remarks were perceived by many as unnecessarily sympathetic toward those in power rather than toward the victims.
Whether intended or not, words matter. Public statements by an American ambassador carry tremendous weight, especially during moments of crisis. History often remembers not only the decisions public officials make, but also the words they choose when people are looking for leadership, compassion, and moral clarity.
I have been unable to find anyone who publicly supports or agrees with your comments. On the contrary, the overwhelming public reaction has been one of disappointment, disbelief, and concern. That alone should give pause and invite reflection.
I respectfully ask you to consider the impact your words have had on countless Venezuelans, including many who have long looked to the United States as a beacon of freedom, justice, and hope. During a moment of profound human suffering, many expected empathy and moral clarity from the representative of the United States. Unfortunately, your remarks conveyed something very different.
As someone who has devoted nearly four decades to serving this nation in uniform, in intelligence, and in diplomatic assignments abroad, I felt compelled to express my profound disappointment. Public service is ultimately measured not only by the offices we hold, but by the principles we uphold when they are tested the most.
Respectfully,
Jesus Daniel Romero
LCDR, U.S. Navy (Ret.)
Intelligence Operations Specialist, Department of the Army (Ret.)