Admiro a quienes pueden cerrar una puerta y seguir adelante sin mirar atrás. Yo no funciono así. Me cuesta dejar ir, me cuesta desapegarme y me cuesta aceptar que alguien que significó tanto un día tenga que convertirse en un recuerdo al siguiente.
Las personas sí cambiamos. Yo también tuve actitudes que hoy no me gustan, cometí errores y lastimé. Me dolió aceptarlo, pero más me dolería seguir igual. Cambié porque no quiero volver a ser esa versión de mí, porque cambiar no es dejar de ser uno mismo, es aprender a ser mejor.
Mi momento mas maduro ha sido aprender a amar el desapego, si alguien me acompaña, está bien; si no, tambien, si alguien quiere hablar conmigo, lo valoro; si no, lo respeto, cero apegos, mucho amor para quienes me rodean, pero sin expectativas ni obligaciones.