¿Sos de los que guardan el cargador y cable del teléfono viejo? ¿Una cajita pensando que servirá para guardar algo? ¿Tornillos? ¿Ropa para bajes esos kilos? ¿Llaves que no sabés para que eran?
Este video te explica porqué.
Tomate un tiempo y miralo. Es tal cual.
«El venezolano no está siendo fuerte. Está siendo obligado.
Llevamos generaciones confundiendo las dos cosas.
“De esta también salimos.”
“Somos resilientes.”
“Podemos con esto.”
Frases que se sienten como orgullo pero que, dichas tantas veces, dejan de ser un consuelo y se vuelven una condena: la condena de aguantar por costumbre lo que nunca debió pedirse dos veces.
Porque la resiliencia no es un rasgo de carácter que deberíamos ostentar para siempre.
Es una respuesta de emergencia; útil una vez, sospechosa cuando se vuelve estilo de vida.
Un pueblo que se entrena, generación tras generación, para no quebrarse ante nada, termina enseñándole algo peligroso a quien lo gobierna: que no hace falta parar.
Que siempre habrá un límite más allá del límite anterior.
Que este cuerpo colectivo aguanta, aguanta y aguanta
y entonces, ¿para qué detenerse?
Ahí está la trampa: nuestra fortaleza.
Dicha en voz alta con orgullo, es leída por el tirano como permiso.
Cada “somos fuertes” que publicamos es, sin querer, una autorización silenciosa para el siguiente abuso.
Yo no quiero seguir siendo un pueblo admirado por lo que aguanta.
Quiero ser un pueblo que ya no tenga que demostrarlo.
Estoy cansada…
y ese cansancio no es debilidad, es la única señal honesta que me queda de que esto no puede seguir normalizándose como carácter nacional.
No somos una pera de boxeo con una sonrisa pintada encima.
Somos personas.
Y las personas, en algún punto, tienen derecho a dejar de resistir para empezar, por fin, a exigir.»
Autora ✍️: greciajerez1 | Escritora Incorrecta IG
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