Cuando me agarran flashbacks del día en el que falleció mi Papá, me quedo dura y me paralizo unos minutos. No le deseo ni a mi peor enemigo el dolor de perder a un Papá.
Soy una amiga, no soy la madre, la hermana ni la novia para hacerme responsable de todo y resolverles la vida. Sean malas con los que nunca están, no con quien siempre estuvo, así terminan, solas, porque son malas, harta de que me forreen.
Yo como amiga soy una buenaza, creo que uno de mis mayores errores durante años fue decir siempre que sí. “¿Me acompañás?” Sí, “¿Hacés esto por mí?” Sí, todo sí, sí, sí, incluso cuando mi bienestar mental estaba en juego, porque prefería aguantar antes que perder una amistad.
Si después de tantas veces que estuve, un solo “no” alcanza para convertirme en la forra, entonces el problema claramente no era todo lo que yo daba, sino que se acostumbraron a que siempre dijera que sí.
Hace dos días estoy con dolor de concha porque la que me hizo la ecografía vaginal se creyó que mi concha era de goma. Primera vez que me hacía esa eco, ni me explicó nada y ya me había metido el aparato. Le dije que me dolía y me miró con cara de “Ay, como si no te garcharan”.
Así estaba en marzo del año pasado porque había recaído, este año me puse una meta : Sé a dónde no quiero volver ni tener que llegar otra vez, quiero intentar sentirme bien.