Cuando la ansiedad se dispara, la cabeza va a mil y el cuerpo se queda tenso sin que te des cuenta.
Parar un momento y notar dónde tienes los hombros, la mandíbula, las manos... no es meditación rara.
Es acordarte de que tienes cuerpo.
No te contesta en dos días, llega tarde siempre y a veces parece estar en otro planeta.
Puede que no le importes. O puede que su cerebro funcione así con todo, contigo y sin ti.
El estrés crónico no duele de golpe.
Se nota en que llevas meses cansado aunque duermas.
En que cualquier cosa pequeña te saca de quicio.
En que tu cuerpo ya no sabe cuándo bajar la guardia.