Hay un límite para seguir luchando por alguien, si ya lo diste todo, si buscaste, intentaste y amaste con todo tu corazón y no lo supo ver ni valorar, no es para ti, mereces más.
Así que ya está, aléjate de ahí que estás para más.
El trauma te hace tolerar a las personas que te tratan mal porque tienes miedo de perderlas.
La sanación te hace darte cuenta de que deberías tener miedo de perderte a ti mismo al intentar complacer a todos.
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Me vas a extrañar el día en el que le cuentes tus cosas a alguien más y no tenga ni puta idea de lo que hablas, como cuando me contabas a mí y moríamos de risa. Somos personas reemplazables, pero irrepetibles.
Nos vendieron la idea de que sanar es ir a terapia, meditar, tomar té y escribir en un diario; pero sanar también es sentir rabia, llorar por lo mismo otra vez, retroceder, tener recaídas, perder la fe. Sanar no siempre se ve bien, ni se siente bien; y no, no estás “dañado” por no estar en tu versión más luminosa, estás siendo humano.