Siéntase usted en el derecho de ponerse la camisa de Argentina, España o Madagascar. De cantar sus goles, de salir a celebrar si los siente suyos así haya nacido en Barlovento. Disfrute de la final (o cualquier partido) como quiera. No permita que le digan cómo ser feliz.
Niños víctimas del terremoto no necesitan ni entrevistas, ni cuentas en redes, ni fama.
Necesitan ayuda psicológica profesional. Están muy traumatizados, sólo que ni ellos mismos lo saben.
Incapaces de abrirse al país, a su gente, a sus profesionales con alta capacitación, a sus universidades y Academias. Enrocados en su mundito sectario de siempre. Ni olvidan ni aprenden.