Las autoridades indicaron que la sede de Migas, en la esquina de la avenida Luis Roche de Altamira. ha sido habilitada como centro de resgaurdo de los veecinos que permanecen en las calles
𝐃𝐞𝐬𝐜𝐚𝐥𝐳𝐚 𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞: 𝐞𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐬𝐢𝐧 𝐥𝐢́𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐍𝐚𝐯𝐚𝐬
En el Día de las Madres, Venezuela honra a una mujer que convirtió unas medias blancas en el último gesto de amor.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
En el silencio de un cementerio de Caracas, Carmen Teresa Navas se descalzó. Después de meses de búsqueda incansable, de puertas que no se abrieron, de esperanzas que se le iban gastando entre las manos como una vela que se consume sin apagarse del todo, llegó por fin hasta los restos de su hijo y, sin pronunciar una palabra, se quitó las medias que todavía guardaban el calor de sus pies. Con las mismas manos que lo habían vestido desde niño, las entregó para que las pusieran sobre sus pies fríos, como si ese gesto pudiera acompañarlo un poco más en el camino que ya no podrían recorrer juntos.
No fue un acto calculado. Fue, simplemente, lo único que sabía hacer una madre que nunca aprendió a separarse de su hijo, porque ese saber no existe en ellas, porque ese saber nadie se los enseña. En ese instante eterno, las medias dejaron de ser una prenda y se convirtieron en lo que verdaderamente eran: el último puente de algodón y amor entre un cuerpo que aún respiraba y otro que ya no podía hacerlo. Un pedazo de ella se iba con él, porque para Carmen jamás existió distancia que el amor no fuera capaz de acortar, ni frontera tan definitiva como para detener a una madre que ha decidido, desde el primer día, seguir cuidando.
Junto a las medias entregó también la gorra gris, la misma que Venezuela entera reconoció durante los meses de angustia, la que aparecía en cada fotografía mientras lo buscaba vivo. Y en ese detalle hay una verdad que sobrecoge y redime al mismo tiempo: el amor que lo buscó con desesperación fue exactamente el mismo que lo despidió con ternura.
En el Día de las Madres, este gesto tan íntimo y tan desnudo nos pone de frente ante lo que tantas madres venezolanas han cargado en silencio durante demasiado tiempo, con una dignidad que avergüenza a quienes deberían haber evitado que lo cargaran. Mujeres que han aprendido a dar más allá de lo que ningún ser humano debería tener que dar. Que cuando ya no les queda nada, todavía encuentran dentro de sí mismas un resto de luz para entregar. No por heroísmo, palabra que les queda infinitamente pequeña, sino porque su amor jamás conoció condiciones ni fronteras ni excepciones: cuando les exigieron resignación, respondieron con presencia; cuando les cerraron las puertas, volvieron al día siguiente con la misma fe intacta; y cuando solo quedó el adiós, se descalzaron para que su hijo no se fuera con frío.
Carmen nos enseñó que el amor de una madre no termina donde termina la vida del hijo, sino que se transforma en algo que no tiene nombre todavía, que se vuelve más pequeño y más grande al mismo tiempo, que cabe en una media tibia y a la vez no cabe en todo el cielo. Ella dejó un fragmento de sí misma en esa tierra húmeda y otro se quedó entre nosotros para siempre, instalado en el lugar donde guardamos las cosas que nos cambian, recordándonos qué significa de verdad ser madre en un país que les ha pedido demasiado.
Hoy, mientras tantos celebran con flores que se marchitarán en tres días, Venezuela fija la mirada en los pies descalzos de Carmen y entiende algo que no cabe en la tristeza: una gratitud que aprieta, un silencio que se parece a una plegaria, la certeza de lo que son sus madres, mujeres que lo entregan todo y, cuando ya no queda nada, se entregan ellas mismas como si amar fuera tan inevitable como respirar.
Gracias, Carmen Teresa Navas. Que sus medias sigan abrigando a Victor Hugo dondequiera que esté. Y que su amor descalzo, tan humano y tan eterno, nos abrigue a todos en esta tierra que tanto lo necesita.
Ahora estás escuchando una frecuencia de 432 hercios. Tómate un momento para regular tu sistema nervioso.
Este sonido ayuda a liberar de forma natural hormonas de la felicidad, como la serotonina y las endorfinas, y a regular la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
𝐄𝐥 𝐁𝐚𝐭𝐚𝐳𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐍𝐨𝐬 𝐃𝐞𝐯𝐨𝐥𝐯𝐢ó 𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨: 𝐋á𝐠𝐫𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐏𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐅𝐢𝐧 𝐏𝐮𝐝𝐨 𝐑𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐚𝐫 𝐋𝐢𝐛𝐫𝐞
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Esa noche del 17 de marzo, en el LoanDepot Park de Miami, el aire se volvió denso y sagrado, impregnado del aroma a sudor fresco, cerveza fría y una esperanza que llevaba años fermentando en silencio. El corazón de cada venezolano latía con tal fuerza que parecía querer salirse del pecho, mientras el rugido unánime de miles de gargantas hacía vibrar el suelo bajo los pies y retumbar en lo más profundo del alma.
Cuando aquella pelota salió disparada limpia en la novena entrada, rompiendo el empate a dos carreras, el tiempo se congeló en un instante eterno. Un silencio brevísimo, casi sagrado, cayó sobre el estadio… y de pronto estalló todo. Tres a dos.
No fue simplemente una carrera cruzando el plato. Fue un torrente caliente de lágrimas que brotaron de golpe, un nudo apretado en la garganta que se deshizo de pronto y se transformó en un grito ahogado que luego se convirtió en un sollozo incontenible de alegría pura. Los cuerpos temblaban sin control, las rodillas flaqueaban y las manos se buscaban a ciegas en la oscuridad para entrelazarse con fuerza, como si temiéramos que aquel sueño maravilloso pudiera desvanecerse de un instante a otro. El pecho se hinchaba con un fuego dulce y ardiente que quemaba por dentro, y el alma, por fin, respiraba profundo, libre y viva como nunca antes.
Este no era solo béisbol. Era la libertad hecha carne, sudor y lágrimas. Era el desahogo colectivo que habíamos tragado durante años enteros, convertido ahora en un abrazo masivo que dolía de tan hermoso, en un canto quebrado que brotaba desde el fondo más íntimo del pecho y se elevaba al cielo.
Este triunfo llega como una catarsis profunda y sanadora, retroactiva en cada latido. Es la celebración con todo el cuerpo y el espíritu de aquello que durante tanto tiempo nos negaron. Hoy sentimos en la piel y en el alma lo que no pudimos expresar antes: el clamor claro y valiente del pueblo en julio del 24, cuando la dignidad fue pisoteada pero jamás silenciada; la luz bendita que trajo la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, iluminando nuestras noches más oscuras con esperanza; el orgullo inmenso que nos hinchó el pecho cuando María Corina recibió el Nobel de la Paz; y ese inmenso suspiro de justicia que recorrió el mundo con la captura de Maduro, un momento que celebramos y que nos acerca, por fin, al cierre que tanto merecemos como nación.
A través de un batazo preciso y un pitcheo que cerró la puerta con fuerza y corazón, cobramos todo de una sola vez. A nuestro equipo, a esos guerreros que jugaron con el alma en cada lanzamiento y en cada swing, les decimos con el pecho henchido de orgullo y gratitud: ¡Gracias, muchachos! Gracias por regalarnos esta noche inolvidable, por cargar sobre sus hombros no solo un equipo, sino el sueño de todo un país. Los abrazamos desde todos los rincones del mundo con lágrimas de emoción y un agradecimiento que no cabe en las palabras.
No existe un solo venezolano en este planeta que no haya sentido este triunfo como propio. Ni uno. Porque cuando Venezuela por fin puede celebrar, hasta el más lejano siente que vuelve a casa por un instante. Desde los balcones iluminados de Caracas hasta los ranchos humildes de los cerros donde vive nuestra gente más sencilla, desde las calles polvorientas de los pueblos del interior hasta los apartamentos fríos y lejanos de Europa, todos compartimos la misma sensación: un escalofrío que sube lento por la espalda, un vacío antiguo que de pronto se llena con una calidez profunda que solo puede comprender quien ha sufrido mucho y ha resistido todavía más.
La fibra del venezolano es única en el mundo. Somos aquellos que cantan aunque la voz se quiebre, que bailan aunque las piernas duelan de cansancio, que convierten las lágrimas en fiesta y el dolor más hondo en un coraje que nadie logra apagar. Somos el pueblo que transforma la adversidad en una alegría indestructible, capaz de permanecer juntos más allá de cualquier frontera.
Este evento nos unió para siempre, de una forma que ya nada ni nadie podrá romper. Ya no importan las distancias ni los mares que nos separan. Todos, sin excepción, sentimos el mismo fuego en el pecho y el mismo anhelo profundo de regresar a casa, de abrazarnos sin miedo alguno, de celebrar sin que nadie intente robarnos la luz que hoy brilla tan fuerte… y sobre todo, de que nos devuelvan nuestra libertad, esa libertad que nos fue arrebatada pero que nunca dejamos de merecer y que hoy palpita más viva que nunca en cada lágrima y en cada grito de victoria.
Hoy lloramos de emoción pura: lágrimas que saben a sal y a victoria, que mojan las banderas tricolores y dejan el pecho agitado, latiendo desbocado de vida. Mañana, si Dios lo permite, lloraremos de felicidad completa cuando regresemos por fin a una Venezuela libre.
Este batazo decisivo no perteneció solo a un equipo. Fue el grito colectivo de todo un pueblo que se negó rotundamente a morir, que se levantó con el corazón latiendo desbocado y proclamó con voz firme: “Aquí estamos, y somos invencibles”.
¡Venezuela campeona del mundo! ¡Viva la libertad que se siente en la piel! ¡Viva Venezuela unida, para siempre!
Que este momento glorioso sea apenas el principio de todas las victorias que nos debemos como nación.
¡A celebrar, Venezuela! Porque hoy, hoy sí pudimos sentirlo todo en lo más profundo del ser. Y se siente glorioso, abrumadoramente glorioso.
DIFUSIÓN URGENTE: CONDENA DE MUERTE ENCUBIERTA!
¿Sabías que en este momento un adulto mayor de 74 años está muriendo lentamente por pensar distinto?
Se trata de OMAR AMABLE ESCALANTE, un hombre de la tercera edad sentenciado a 30 AÑOS de prisión, por el Juez Tercero de Juicio de Carabobo Ab. Luis Francisco Ovalles Landaeta. A su edad, esto no es una pena de cárcel, ¡es una ejecución programada!
SU VIDA CORRE PELIGRO REAL:
* Diabético insulinodependiente e hipertenso.
* Padece artrosis degenerativa y no recibe luz solar.
* Condiciones infrahumanas: Sin acceso a un baño, debe comer e inyectarse su medicina en el mismo sitio donde realiza sus necesidades en bolsas.
¡El riesgo de infección es mortal!
No podemos ser cómplices con nuestro silencio. La justicia no puede ser sinónimo de crueldad.
AYÚDANOS A VISIBILIZAR ESTA INJUSTICIA:
* Reenvía este mensaje a todos tus contactos y grupos.
* Que el mundo sepa que Omar Amable Escalante necesita MEDIDA HUMANITARIA URGENTE.
@iloactrav@RafaelFreireCSA@luc_triangle@delcyrodriguezv@oliverroepke
A esta hora ocurren liberaciones de presos políticos en El Rodeo I, entre ellos varios cadetes de nuestra Fuerza Armada Nacional.
Esta lucha es hasta que todos los presos políticos civiles y militares queden en libertad plena e incondicional.
¡Viva Venezuela Libre!
#QueSeanTodos
Hoy se ha colocado el brazo superior de la cruz de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, un hito que culmina la ejecución exterior de la torre más alta del templo. ✝ Con su instalación, queda completado el conjunto de las seis torres centrales de la Sagrada Familia. 🙌
📢 *TUITAZO URGENTE*
Por la Libertad Inmediata de Todos Los Presos Políticos
🗓 Sábado 10 de febrero
🕓 Desde las 4:00 PM (hora Venezuela)
📍 Twitter / X
Hoy en Venezuela más de mil personas están detenidas injustamente en Venezuela.
Madres, padres, hijos, estudiantes, trabajadores…
vidas enteras esperando volver a casa.
Su libertad depende de que tú sigas hablando por ellos.
#LibertadInmediataParaLosPresosPoliticos
#QueSeanTodos
No escribo desde la política ni desde ningún interés personal.
Escribo como una ciudadana más, como una persona que vive una espera que desgasta, que duele, que consume.
Hay demasiadas familias atrapadas en una incertidumbre que nadie debería conocer.
Demasiadas personas privadas de libertad siendo inocentes.
Demasiadas ausencias que no tendrían que existir.
Por eso hoy llamo a la unidad, a la paz y a la reconciliación.
Y pido, con humildad pero con firmeza, que toda persona detenida injustamente, toda persona desaparecida, sea puesta en libertad.
No es un mensaje político.
Es un pedido humano.
🗻🇻🇪Desde que me fui de Venezuela, cada año me ha tocado dibujar un Ávila. Mi Ávila es un homenaje íntimo y luminoso a la montaña que vive en mi corazón y en el de todos los venezolanos.
Mi Ávila es más que arte; es un abrazo a nuestra fuerza y a nuestra identidad venezolana.
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