En el tren de regreso, estuve pensando todo el tiempo.
Ese día, pensé que era un «amigo imposible».
Pensé que era alguien que había pisoteado 25 años de amistad en un solo día.
Pero no era así.
El no me traicionó.
Solo sabía que el mismo se rompería.
——
Celebrar a los demás es, en realidad, el acto que más requiere empatía.
Si uno no está satisfecho consigo mismo, la felicidad ajena se convierte en un «cuchillo».
Cuanto más intentas forzar una sonrisa, más se desgasta algo dentro de ti.
Y si sigues forzándola, la persona se quiebra.
Por eso, quien está realmente acorralado desaparece de las celebraciones.
Y la sociedad lo llama «frío», «sin sentido común», «no es un amigo».
——
Pero, ¿es realmente así?
¿Forzarse a asistir con una sonrisa fingida, maldiciéndose a uno mismo por dentro,
o no ir, llorar en soledad y solo desear la felicidad del otro:
cuál de las dos es la verdadera amistad?
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Lo que le faltaba a el no era sinceridad.
Era el «margen para celebrar la felicidad de los demás aunque uno no sea feliz».
Ese margen no se crea con esfuerzo.
Depende de cuánto esté acorralada la vida de esa persona en este momento.
——
Si tienes un amigo con quien perdiste el contacto, recuérdalo.
Esa persona no te odia.
Tal vez solo dejó de ser la versión de sí misma que podía celebrar tu felicidad.
La gente no se aleja porque te odie.
Se aleja cuando ya no puede sostenerse a sí misma.
@isaliaxgomez Me paso en mi tercer embarazo pero pasará y volverás a ser tú en una nueva faceta mucho mejor. Un día a la vez. Te mando pura buena vibra.