Hoy siento una profunda tristeza por el rumbo que tomó Colombia. Respeto la decisión democrática de millones de ciudadanos, pero no puedo ocultar mi preocupación frente a lo que representa el gobierno de Abelardo de la Espriella para los derechos, la soberanía y la democracia.
Urge una reflexión seria sobre los errores, escándalos y frustraciones que marcaron los últimos años y que terminaron abriendo la puerta a este escenario.
Pero la esperanza sigue intacta.
Desde el Congreso no bajaremos la cabeza ni renunciaremos a nuestras convicciones. Mi curul hará oposición robusta y rigurosa. Defenderemos los derechos laborales, los de las mujeres, de las minorías, del ambiente y de todas las personas que hoy sienten incertidumbre frente al futuro.
A quienes están tristes: la democracia no termina en una elección. Empieza una nueva etapa de organización, vigilancia y resistencia democrática y pacífica. Nos encontrarán, como siempre, defendiendo a Colombia. Aquí nadie se rinde.
La próxima primera dama puede ser una mujer que ha dedicado su vida a la defensa de Derechos Humanos en Colombia o una que dice que no le importa lo que pase acá porque tiene su vida resuelta en Italia.