Mark Ruffalo on Donald Trump: “The guy is a convicted felon, a convicted rapist, he’s a pedophile. He’s the worst human being in the world. If we’re relying on this guy’s morality then we’re all in a lot of trouble. I love this country and what I’m seeing here is not America”
A mi me la pelan estos venezolanos fascistas histéricos, yo se que Maduro es un dictador, que Venezuela es gobernada por corruptos de la peor especie, que Irán es un régimen opresivo, que Israel es un estado genocida, que Hamas es un grupo de terroristas, que Palestina merece ser libre, que Putin es un dictador oligarca invasor, que Ucrania debe defenderse, que Cuba es un estado fallido y que Trump es un autoritario corrupto amoral, un abusador de menores y que atenta contra toda norma de convivencia global, son Uds los que defienden la muerte, la invasión y los abusos por sesgo ideológico, yo tengo claro a que lado de la vereda moral me paro, así que cacareen lo que quieran.
me deprime pensar la cantidad de artistas excepcionales que nos estamos perdiendo por permitir que nuestro acceso al arte esté mediado por apps y algoritmos que privilegian brevedad, ligereza y superficialidad en detrimento de todo aquello que no se ajuste a esos parámetros
Todas, absolutamente todas las libertades que gozamos, se las debemos a personas que pusieron sus vidas al servicio de conseguirlas. Si toda la humanidad hubiera pensado «ay, yo en eso no me meto», viviríamos aún en las cavernas. Hay que meterse, hoy más que nunca.
EEUU ha decidido ejecutar un sabotaje sistémico al orden global. Al abandonar 66 organismos internacionales, la Casa Blanca abandona mucho más que estructuras administrativas y protocolos diplomáticos. Está desmantelando los cimientos funcionales de la civilización contemporánea. Esos espacios sostienen la coordinación sanitaria internacional, la protección de niños atrapados en conflictos armados y la producción científica que intenta contener el colapso climático. Funcionan como diques frágiles pero imprescindibles frente a la expansión del caos. Al interrumpir esos flujos, Washington induce un infarto deliberado a la cooperación humana.
La retirada expresa una deserción ética de magnitud histórica. Marca el pasaje de una potencia que alguna vez se pensó integrada a un entramado común hacia un actor que opera de manera extractiva y predatoria sobre el sistema internacional. La permanencia selectiva en ámbitos de dominación directa, como la OEA, termina de despejar cualquier duda sobre el rumbo. El objetivo deja de ser soberanía o eficiencia institucional y se reduce a la defensa de intereses económicos sin costos políticos ni legales. Se busca un mundo sin observadores incómodos, sin instancias que documenten abusos y sin mecanismos que transformen el poder en responsabilidad. La impunidad aparece como horizonte estratégico.
En ese contexto, el desprecio de Marco Rubio hacia la ONU y la OMS adquiere un sentido preciso. No se trata de un exabrupto ni de una provocación aislada, sino de la formulación explícita de esa política. Calificar como inútil a la arquitectura que monitorea violaciones de derechos humanos y coordina respuestas frente a pandemias equivale a asumir que la dignidad humana y la vida biológica pasan a ocupar un lugar secundario. No hay ironía ni exceso verbal en ese gesto, sino nihilismo político. La ciencia queda subordinada a la rentabilidad inmediata y la salud global se transforma en una externalidad prescindible. Con ese desprecio, la Casa Blanca desconoce y vacía de sentido el sistema construido en 1945 para evitar que la barbarie volviera a organizar el mundo tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial.
Lo que Donald Trump impulsa responde a esa misma lógica. No construye liderazgo ni redefine estrategias, ejecuta un proceso de vandalismo institucional a escala planetaria. El unilateralismo que promueve desarma las pocas herramientas diseñadas para evitar que un mundo nuclearizado, profundamente desigual y ambientalmente inestable se precipite hacia el desorden abierto. El resultado no será grandeza ni fortaleza. Será aislamiento, pérdida de legitimidad y encierro en una soberbia que debilita tanto a Estados Unidos como al sistema internacional en su conjunto. Al erosionar el derecho internacional, esta deriva no afecta solo a un país. Empuja a la humanidad hacia un escenario donde el poder deja de rendir cuentas y donde la supervivencia colectiva se vuelve cada vez más frágil.
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¿Ustedes se enamorarían de alguien que les ayuda a mejorar sus finanzas? Porque yo sí la verdad.
“No me mantengas, enséñame de proyecciones y Excel avanzado 🥹’