Y si alguien quiere caminar a mi lado… bienvenido.
Que venga sin tormentas prestadas, sin puertas entreabiertas, sin manos que tiemblan cuando toca quedarse.
Aprendí a no perseguir sombras, a no poner mi corazón de rodillas,
a no llamar “destino” a lo que sólo era costumbre.
Cuando alguien nos gusta, vamos con todo. Somos demasiado disponibles, demasiado generosos, demasiado leales, demasiado cariñosos, demasiado confiados.
Ese es el problema, amamos como nos gustaría que nos amaran, esperando que del otro lado sientan y den lo mismo.
Nunca tuviste necesidad de mentirme; porque yo era tuya; te habría comprendido, no importaba cuánto doliera. Estaba dispuesta a sentarme frente a ti, sin reproches. Solo te pedí que no fingieras conmigo. Quise la verdad, incluso rota, antes que una mentira vestida de ternura.
a mí me enseñaron a no traicionar a quien me abrió las puertas de su casa y me invitó a sentarme con su familia. Tener diferencias es una cosa, ser traidor y malagradecido es otra.