Elogio a la Kokotxa y el Ritual del Prau.
Si me hubieran dicho hace un siglo que íbamos a pagar el kilo de “barbilla de pescado” a precio de oro, nos habríamos reído en toda la cara del capitán del barco. Pero así es la gastronomía: un ejercicio de justicia poética donde lo que antes era despojo, hoy es el santo grial del Cantábrico. La Kokotxa —esa pieza gelatinosa en forma de "V" situada bajo la mandíbula— es la prueba de que el lujo no siempre viste de seda; a veces viste de escama y paciencia.
Su nombre viene del euskera (kokots, que significa barbilla), y su historia es la de un ascenso social meteórico. Antiguamente, los marineros las apartaban para ellos o para los pobres porque eran "demasiado blandas" o difíciles de limpiar. No fue hasta que la Nueva Cocina Vasca las puso bajo el foco que el mundo entendió que esa gelatina no era un defecto, sino la gloria bendita.
Aunque la de merluza es la reina indiscutible por su elegancia y blancura, no viaja sola. La de bacalao es la favorita de los "salseros" por su desmedida capacidad de ligar un pil-pil; la de salmón aporta una grasa potente y casi salvaje, y la de corvina, más firme y carnal, empieza a asomar la cabeza en las barras más modernas. Pero hoy no estamos en un congreso de cocina, estamos en mi casa de Asturias, con el orvallo dándonos tregua y el olor al carbón de encina subiendo por el prau. Olvidaos de las chaquetillas blancas; aquí mandan la besuguera, la sidra y el sentido común.
Hacer unas Kokotxas a la brasa en casa es un acto de fe. Lo primero es el material de guerra: saca esa besuguera de malla fina que guardas como oro en paño. Si intentas tirarlas a la parrilla normal, se te colarán por los hierros y se las comerá el gato, porque estas joyas son piezas pequeñas, resbaladizas y caprichosas. El fuego debe ser de encina, buscando una brasa blanquecina y constante, nada de llamas locas que achicharren la delicadeza del mar.
El ritual empieza con el "mimo" previo. Cogemos las Kokotxas de merluza —tersas, brillantes, que huelan a puro Cantábrico— y les damos un repaso rápido. Nada de complicaciones: un chorretón de aceite de oliva virgen extra suave y una pizca de sal gorda. Hay que revolverlas con las manos, con cariño, asegurándonos de que cada pliegue esté bien impregnado para que no se peguen a la rejilla cuando sientan el calor.
Cuando la brasa esté en su punto, ponemos la besuguera a unos diez centímetros. El orden importa: siempre la piel hacia abajo primero. En cuanto tocan el hierro caliente, la gelatina empieza a sudar, a burbujear, a "llorar" de alegría. Es un proceso rápido, apenas un par de minutos por lado. El aroma ahumado de la madera se mete por los poros de la carne blanca, creando una capa rústica que protege el tesoro líquido del interior. Al darles la vuelta, verás cómo la piel se pone ligeramente crujiente y tostada. Ese contraste es místico.
Para el toque final, el secreto de los grandes asadores llevado a nuestra mesa: el "vuelco". En cuanto las saques de la parrilla, échalas a una cuenco de barro que tengas caliente al lado del fuego. Añade un par de cucharadas de una emulsión de aceite, una gota de vinagre de sidra y el propio juguito que soltaron en la malla. Dale cuatro meneos circulares a la tartera —ese baile que liga la salsa— y verás cómo el líquido se vuelve una crema espesa y brillante que abraza cada pieza.
Servirlas así, con un poco de perejil fresco picado por encima, es lo más parecido a tocar el cielo. Al morderlas, la resistencia es mínima; primero notas el crujido del humo y luego una explosión de jugosidad que te inunda el paladar. Es el bocado más escaso de la lonja, un tesoro que nos recuerda que la verdadera belleza está en lo que otros decidieron ignorar.
Ahora, mientras el humo se disipa y las Kokotxas brillan en la fuente, solo queda una duda: ¿echamos un culín de sidra de pipa o descorchamos ese blanco de Cangas que lleva toda la mañana enfriando? ¿Te saco un poco de pan de pueblo para rebañar la salsa?
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Muy buen partido de Raúl Asencio, ha cambiado la actitud del equipo junto con @Camavinga. Si Raúl fuera de otro equipo, tendríamos portadas y petición de convocatoria con la @SeleccionFutbol
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