Acabo de ver al dueño de un bar de mi barrio echar a un hombre que llevaba más de diez años desayunando allí todos los días. Tendría unos 70 años. Le dijo que terminara el café y que a partir de mañana no volviera. El hombre no discutió. Pagó, le dio la mano y se marchó. Cuando salió, uno de los clientes le dijo al dueño que se había pasado tres pueblos. Él esperó a que cruzara la calle y respondió: «Si sigue viniendo aquí, no se va a ir nunca». Entonces nos explicó lo que llevaba semanas haciendo a sus espaldas...
Viendo historias de Instagram tomando mate en la cama y comiendo chipa, pensando lo lejos espiritualmente que estoy de correr 21 kilómetros un domingo a la mañana
Creo que una de las experiencias más conmovedoras de la vida es descubrir que alguien disfruta genuinamente de tu presencia. No de lo que le das, ni de tus logros. Solo de ti, de tus pensamientos, de tu energía y de tu existencia.
Mi opinión humilde es que la conquista no existe. Hagas lo que hagas, a alguien ya le gustas, o nunca le vas a gustar. Queda relajarse y, si tenés suerte, disfrutar del proceso de conocerse. Hay cierta magia en comprender que no es necesario esforzarse para gustarle a alguien