Para todos los que me siguen:
Por muchos años en mi juventud milité por la derecha. Durante la primera campaña presidencial de Trump en 2015, convencí a miles de personas para que lo apoyaran. En Facebook, mis publicaciones estaban llegando a millones; incluso Javier Milei y Santiago Abascal compartieron mis publicaciones en ocasiones.
Me arrepiento profundamente de ello. Al mirar atrás, solo puedo decir: qué ciego e inmaduro era.
San Pablo escribe: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño». Ese era yo.
Ya no me identifico con la derecha política ni quiero que se me asocie con ella de ninguna manera: es sionista hasta la médula, un dogma que no admite cuestionamientos sin correr el riesgo de ser anatematizado.
Por supuesto, esto no significa que sea de izquierdas. Y ahí reside precisamente la trampa de la política moderna: te obliga a elegir una de las dos opciones que se ofrecen. Un falso dilema, una falsa dicotomía, una ilusión de libertad.
No soy de izquierda ni soy de derecha; o como dijo el gran trovador argentino, "no soy de aquí ni soy de allá ..."
Si pudiera definirme con una sola palabra, sería esta: cristiano. Ni más ni menos.
Rechazaré el mal tanto de la izquierda como de la derecha, y no estoy en deuda con nadie, salvo con Dios. Eso es, en mi humilde opinión, la verdadera libertad.
Saludos a todos.
El mundo nos ha convencido de que la batalla se gana con más dinero, más poder, más influencia o más ruido.
Pero el cristianismo siempre ha enseñado algo radicalmente distinto.
La batalla decisiva se libra de rodillas.
Cada oración sincera, cada Rosario, cada momento de silencio ante el Santísimo, cada acto de confianza en Dios es una victoria invisible contra el mal.
A nuestros ojos parece que no ocurre nada.
Pero mientras un hombre se arrodilla ante Cristo, el Cielo actúa. Dios fortalece el alma, rompe cadenas que no vemos y concede gracias que muchas veces solo comprenderemos en la eternidad.
Satanás no teme al cristiano que discute mucho. Teme al cristiano que ora mucho.
Porque una vida unida a Cristo vale más que mil discursos vacíos.
Si quieres cambiar el mundo, empieza por entrar en una iglesia, arrodillarte y hablar con Dios.
Ahí comienzan todas las grandes victorias.
🙏✝️
Esta es la portada en X del hijo del primer ministro israelí, Yair Netanyahu.
Este es el Arco de Tito, en particular, la relieve representado el botín tomado del segundo templo de Jerusalén tras su completa destrucción en el año 70 d. C. por las legiones romanas
(*Por cierto, exactamente tal como lo predijo Jesús de Nazaret, palabra por palabra, véase Mateo 24 y Lucas 21:7-24).
Hace poco le preguntaron al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu: "¿Qué libro está leyendo actualmente?" A lo que respondió: "Judíos v. Roma, por el historiador Barry Strauss". "¿Qué te hizo tomarlo?" preguntó el entrevistador. "Bueno, perdimos esa guerra, tenemos que ganar la próxima" respondió Netanyahu.
Tenéis que entender:
Esta es su psicología, esta es su escatología y este es el núcleo de lo que los mueve: el pueblo judío odia a Esaú, quien —según la teología rabínica— representa a Roma, es decir, a Occidente. ¿Dónde se recapitula Roma hoy en día, según ellos? En la Cristiandad. De hecho, el propio primer ministro israelí afirmó que Estados Unidos y el resto de Occidente son la «Nueva Roma». Los escritos rabínicos judíos dicen lo mismo.
¿A qué quiero llegar?
Es evidente para cualquiera que tenga ojos y entendimiento: están balcanizando a Occidente, incitándolo a guerras perpetuas y enfrentándolo al mundo musulmán, para que nosotros, los «goyim», acabemos matándonos unos a otros. Entonces, en nuestro momento de mayor debilidad, dan el golpe de gracia y se llevan el botín «de vuelta desde Roma a Jerusalén».
No han perdonado a Occidente.
No ha reconocido a Jesucristo.
Culpan al Cristianismo de la peor forma de «antisemitismo» y anhelan el fin de la Iglesia.
Sin embargo, dada su inferioridad numérica, se presentan como «aliados» y «baluarte de la civilización occidental» para ganarse la lealtad ciega de cristianos ingenuos de occidente —en particular, de los evangélicos—, cuando en realidad, a puerta cerrada, conspiran y urden sigilosamente la destrucción de la civilización occidental, la «Nueva Roma».
70 d. C. quedó grabado en la memoria judía como un momento de eterna infamia. Pero para nosotros, los cristianos, es un día de inmensa alegría, pues fue entonces cuando nuestro Señor Jesucristo fue vindicado ante el mismo pueblo que dijo al procurador romano Poncio Pilato: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» (Mateo 27:25).
Christus vincit!
Christus regnat!
Christus imperat!
Estuvo mal, PÉSIMO, la campaña contra Argentina.
Está mal, PÉSIMO, celebrar lo que sufre España.
Nos quieren enfrentados.
Porque unidos somos más fuertes.
No sucumban a la división.
Solo alimentan a los que nos quieren debilitados.
No permitamos al mal vencer.
Despertemos.
@nicovegadiez España tiene un problema de fondo a mi entender: no termina de entender que Marruecos es su enemigo histórico.
Israel hará todo lo posible por avivar esa enemistad
Marruecos está a la iniciativa de esta batalla y España aún no sabe que está peleando.
¿"Cristianos" o "Católicos"?
«En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos» (Hechos 11,26).
Sin embargo, como muchas sectas gnósticas se hacían llamar "cristianas", los verdaderos cristianos comenzaron a usar el término "católico" para diferenciarse de los herejes.
«Donde está Jesucristo, allí está la Iglesia católica» (S. Ignacio de Antioquía, Carta a los Esmirniotas, año 107 d.C).
Ante la campaña de odio desatada contra Argentina, comparto estas palabras de @carola_amoroso.
Los venezolanos, mejor que nadie, sabemos que Argentina es una gran patria y un gran pueblo. Una nación que nos abrió las puertas cuando más lo necesitábamos, que nos acogió con dignidad, que nos dio oportunidades y que nos trató como hermanos.
Una nación que, ante la tragedia del terremoto, envió militares, brigadistas, médicos, K9 y voluntarios, incluso después de haber tenido a un gendarme secuestrado 448 días por la dictadura chavista. Eso habla de valores, de humanidad.
Por eso, frente a quienes hoy intentan sembrar odio, yo elijo decir lo que sentimos millones de venezolanos: gracias, Argentina. Gracias por su solidaridad, por su corazón y por su hermandad.
Estaremos eternamente agradecidos.
🇦🇷🤝🇻🇪