Me llamo Nieves, soy de Málaga. ¿Que qué suerte tengo de vivir aquí, decís? Pues maldita sea mi estampa. Dejad que os cuente lo que está pasando, y luego juzgáis.
Os doy primero un poco de contexto: 👇
que os vais en coche!» Como que os vais. ¿Separarme de él? ¡No es posible! Pero me ha agarrado por los hombros, y me ha dicho que lo espere en Almería, que llegará unos días. Que aproveche para buscar alimento para Paquito, que está hecho un pajarito. He mirado al bebé y tiene
Era la ambulancia del extranjero que, desde su sitio de conductor me ha dicho con un fuerte acento: «Dos extra sitio. Último viaje. No gasolina.» Nos hemos puesto de pie de un salto pero la euforia se me ha pasado al momento cuando he oído a Manuel gritar: «¡Vamos, Mari, levanta,
mejilla con los nudillos de su mano, que son solo huesos, y ha empezado a acercar sus labios a los míos cuando un coche se ha acercado y ha frenado al lado nuestro.
mucho rato y luego me ha mirado con esos ojos del color de la aceituna suyos, que hasta llorosos me parecen bonitos, y no sé qué ha pasado que he notado en el estómago un cosquilleo diferente al hambre y al ardor que llevo sintiendo estos últimos días. Me ha acariciado una
Hemos parado a descansar al lado de un arroyo, y a llenar el estómago aunque sea con agua. La Mari por fin se ha tranquilizado un poco y se ha quedado dormida. Le he preguntado a Manuel por qué nos odian tanto. Nosotros no le hemos hecho nada malo a nadie. Decían por la radio que
imaginaba dejándonos allí a nuestra suerte.
«Cómo hecho de menos a Enriqueta, y también a Francisco.» Me ha dicho, y se ha puesto a llorar por primera vez en estos cinco días. Ya era hora. Yo lloro todas las noches y después me siento mejor. Lo he abrazado en silencio durante
al de la pistola, que descargó todas las balas que llevaba en el pobre animalito. Por suerte, mi amigo estuvo rápido para salir huyendo, porque el otro también iba armado. Escuchó más tiros cuando ya iba por la calle de al lado. Sin pensarlo dos veces vino a buscarme porque no se
descanso cuando se encontró con un par de fascistas que intentaron dispararle por ayudar a rojos. Manuel pudo esquivarlo, pero el tiro le dio en el estómago al animal.
La mula, asustada y adolorida, empezó a dar vueltas sobre sí misma, empujó a varias personas y le dio una coz
Me ha contado que antes de venir a por nosotros estuvo en la catedral. Allí había cientos de refugiados de los pueblos, que ya gritaban que había que huir para Almería. Él intentaba ayudar llevando a niños heridos al hospital civil en la mula. Ahí llevaba un par de días sin
las mujeres nos íbamos a enterar de cómo eran los hombres de verdad, que venían a por nosotras a s4ngre y s3xo. Solo de recordarlo se me aflojan las piernas. Él no sabe qué responderme. Ni a por qué nos quieren matar, si no somos un peligro para nadie.
Acabo de caer en que si hubiera huido con la Mari y su familia, probablemente ahora Paquito y yo estaríamos amontonados en una cuneta, esperando a que alguien nos entierre.
sublevados y ahora está entre los que dan las órdenes a disparar las bombas en los barcos. De la impresión me ha entrado una fatiguita que, de no ser porque tengo el estómago vacío, hubiera v0mitado.
Al contrario de lo que me pasó a mí, a la Mari no se le han quitado las ganas de hablar. Anoche no podía parar de contar cosas de política de las que se enteraba por su marido, y también de otras que no venían a cuento. La cuestión es que no callaba. Hablaba rapidísimo, con los
pero ya me estaba haciendo el cuerpo cuando vi a Francisco por primera vez. Estaba sucio y olía a vendimia, pero ese encuentro lo cambió todo.
Pero esa es una historia para otro momento. La cuestión es que según me ha contado la Mari, el susodicho se apuntó al bando de los