Avanza más despacio,
sobrevuela nuestras cabezas,
hasta que se congela,
dejándonos atrapados
en un instante,
incapaces de movernos
en una dirección
o en otra. - Grey's Anatomy
En el quirófano,
el tiempo pierde significado,
entre las suturas
y salvar vidas.
La hora deja de importar,
15 minutos,
15 horas.
En el quirófano,
los mejores cirujanos
consiguen que el tiempo vuele.
Dicen que los
abuelos y las abuelas
son como veranos eternos en mitad del invierno.
Que te enseñan a caminar,
pero también a detenerte.
A tomar sopa despacio,
a escuchar sin prisa,
a querer sin condiciones.
Dicen que los abrazos de ellos
cosen los rotos que no se ven.
Que sus manos arrugadas
guardan historias,
y caramelos en los bolsillos.
Y uno crece pensando que estarán siempre,
porque la ternura parece eterna
cuando te acarician la cabeza
y te dicen “come un poco más”.
Pero un día faltan.
Y se queda el mundo raro,
la casa más grande,
la silla vacía y el corazón un poco roto.
Te partes por dentro.
Porque nadie estaba listo.
Porque nadie está listo nunca.
Y ahí entiendes que aprovechar el tiempo
con ellos no era un consejo:
era un salvavidas.
Porque cuando se van,
sigues hablando con ellos en silencio,
sigues escuchando su risa en los pasillos,
sigues buscándolos en cada domingo que huele a hogar.
Dicen que los abuelos y las abuelas
nunca se olvidan.
Y es verdad.
No se van,
solo se quedan de otra manera.
En la forma en la que ahora tú abrazas,
en cómo dices “cógete una chaqueta”,
en el modo en que aprendes a querer,
sin pedir nada a cambio.
Ojalá aprovechar siempre.
Ojalá que no duela tanto aprenderlo.
Hay ausencias que no entienden de calendarios.
Da igual cuántos años pasen: siguen doliendo igual.
A veces es una canción, un olor en la calle,
o incluso un silencio que de repente te golpea.
Echar de menos a alguien que se marchó
es como caminar con un vacío que nunca se llena.
Es querer contarle algo y recordar que ya no responde.
Es tener mil cosas guardadas en la garganta
y no encontrar el oído que siempre escuchaba sin juzgar.
Pero también es otra cosa:
es descubrir que vive en ti de formas que no sabías.
En la manera en que sonríes,
en los gestos que repites sin darte cuenta,
en la fuerza que sacas cuando piensas en cómo lo haría.
La muerte se lleva cuerpos, pero nunca recuerdos.
Y el amor, por mucho que lo intenten,
no lo puede borrar nadie.
Así que, aunque duela,
cada vez que lo recuerdas no lo pierdes.
Lo estás abrazando,
con un abrazo invisible,
pero eterno.
Septiembre siempre llega como quien toca la puerta sin hacer ruido,
pero lo cambia todo.
Trae olor a cuadernos nuevos, a metas que asustan un poco
y a despedidas que saben a mar salado.
El verano se va sin pedir permiso,
dejando en la piel la nostalgia de los días largos
y en el corazón la certeza de que todo vuelve a empezar.
Septiembre es eso:
un reto, una página en blanco,
un inicio que guarda dentro todas las despedidas.
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No se trata de ser indestructible, sino de ser invencible. Que te destruyan no implica que te hayan vencido siempre que encuentres la fuerza para reconstruirte de nuevo.