Hablamos del mayor caso de corrupción de la historia de España.
El fraude de Montoro PP no son solo los 35,5 millones €, son los miles d millones no abonados a Hacienda por sus leyes a la carta...
Durante meses, todos los digitales de la caverna han repetido una versión: que Carmen Pano recibió una oferta del PSOE de 50.000 euros para cambiar su declaración. No presentó NI UNA PRUEBA DE ELLO. Ha abierto hasta informativos.
Esperemos que esto también los abra en todas las cadenas y programas“familiares”👇🏽
La abogada Leticia de la Hoz ha entregado a la UCO mensajes, audios y documentación que demuestran que la reunión con Carmen Pano tenía otro origen y otro contexto completamente distinto del que se ha contado públicamente.
No tuvo nada que ver con un soborno. Los contactos estaban relacionados con una posible operación empresarial en el sector de los hidrocarburos y, además, se produjeron en fechas distintas a las que se habían venido contando públicamente. Es a lo que se dedica Carmen Pano, imputada en el caso Hidrocarburos que instruye la Audiencia Nacional. Quería proponer una estafa del IVA.
Es decir, ya no estamos ante una simple negación. Estamos ante documentos que, según la defensa, permiten reconstruir la cronología real de los hechos. Y eso importa mucho.
Porque cuando dos personas cuentan versiones distintas, lo relevante no es quién habla más alto ni quién consigue más titulares. Lo relevante son las pruebas.
Si la documentación aportada confirma que las fechas no cuadran, que el motivo de los contactos era otro y que la versión difundida no se corresponde con la realidad, estaríamos ante un serio problema de credibilidad para quien formuló la acusación. Por eso conviene recordar algo básico:
Una acusación no es una prueba. Un titular no es una sentencia. Y una investigación no consiste en dar por cierto un relato, sino en contrastarlo.
Ahora la pelota está en el tejado de la UCO y del juez. Serán ellos quienes determinen si la documentación aportada desmonta o no una de las acusaciones más graves que se habían lanzado en este asunto.
Mientras tanto, quizá sea un buen momento para que algunos recuerden que en un Estado de Derecho primero se examinan las pruebas y después se sacan conclusiones.
¿No tenéis la sensación de q mientras este gobierno se dedica a gobernar con sus aciertos y errores, la derecha judicial,mediática, economica y política están dando un Golpe de Estado ?
¿No tenéis la sensación de q nos mean en la cara y quieren convencernos de q llueve?
Yo,sí.
Han atacado a la mujer del presidente, a su hermano, a su suegro, al Fiscal General y ahora al expresidente Zapatero.
Todo esto porque no tienen nada contra el presidente.
¿Sus herramientas?
Los jueces y los medios.
¿Su objetivo?
Llegar al Gobierno y meter la mano en la caja.
Tanto empeño por llegar al poder no se entiende si no hay dinero de por medio.
Alguien muy mal pensado podría creer que el PP habría sido debidamente informado de que iban a imputar a Zapatero una semana antes, pero pensándolo bien eso sería síntoma de que la judicatura está podrida y el PP tiene a los jueces como Jose Luis Moreno tenía a Macario y eso aqui no pasa.
🙄
Mi hija vota por primera vez. Me siento muy orgulloso de que mis hijos tengan el mismo sentimiento democrático y participativo de sus padres: nunca hemos faltado a una cita electoral. Un derecho al que no podemos renunciar, entre todos decidimos la Andalucía o país que queremos.
"Desahuciado está el que tiene que marcharse a vivir una cultura diferente". Que no nos tengamos que ver así y que cuidemos a quienes sí tienen que vivirlo.
El colegio electoral en el que voto esta en una cuesta algo dura para cualquiera,me emociona ver a gente mayor ir poco a poco para no faltar,son la generación con más cojones,dignidad y vergüenza...no fallan y nosotros no dejamos de fallarles,espero que hoy estemos a la altura
Andaluces, recordad que las derechas no votan, "FICHAN".
No te quedes en casa‼️.
Vota para que la Sanidad y la educación publica no acabe en manos privadas ‼️.
Hoy es la primera vez que voto no por mi,sino por mi bebè de semanas. Y voto para que haya unos servicios públicos de verdad, una enseñanza libre y una sanidad digna. Ojalá dejarle un mundo mejor y más justo del que tenemos ahora. #EleccionesAndalucía
Cuando tenía 13 años, cargaba con una vergüenza secreta. Éramos tan pobres que a menudo iba a la escuela sin comida. En el recreo, mientras mis compañeros abrían sus almuerzos —manzanas, galletas, sándwiches—, yo me sentaba fingiendo que no tenía hambre. Enterraba mi rostro en un libro, ocultando el sonido de mi estómago vacío. Por dentro, dolía más de lo que puedo explicar.
Entonces, un día, una niña lo notó. En silencio, sin armar alboroto, me ofreció la mitad de su almuerzo. Me sentí avergonzado, pero lo acepté. Al día siguiente, lo hizo de nuevo. Y otra vez. A veces era un panecillo, a veces una manzana, a veces un pedazo de pastel que había horneado su madre. Para mí, era un milagro. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí visto.
Luego, un día, ella desapareció. Su familia se mudó, y nunca regresó. Todos los días en el recreo, echaba un vistazo a la puerta, esperando que entrara y se sentara a mi lado con su sonrisa y su sándwich. Pero nunca lo hizo.
Aun así, llevé su bondad conmigo. Se convirtió en parte de quien yo era.
Pasaron los años. Crecí. Pensaba en ella a menudo, pero la vida siguió adelante.
Entonces, justo ayer, algo sucedió que me dejó congelado en el lugar. Mi pequeña hija llegó a casa de la escuela y dijo:
“Papá, ¿puedes empacarme dos meriendas mañana?”
“¿Dos?” pregunté. “Nunca terminas una.”
Me miró con la seriedad que solo un niño puede tener:
“Es para un niño de mi clase. No comió hoy. Le di la mitad de la mía.”
Me quedé allí parado, con la piel de gallina, el tiempo detenido. En su pequeño acto, vi a esa niña de mi infancia. La que me alimentó cuando nadie más lo notó. Su bondad no había desaparecido: había viajado a través de mí, y ahora, a través de mi hija.
Salí al balcón y miré al cielo, con los ojos llenos de lágrimas. De pronto sentí mi hambre, mi vergüenza, mi gratitud y mi alegría.
Esa niña tal vez nunca me recuerde. Tal vez ni siquiera sepa la diferencia que hizo. Pero yo nunca la olvidaré. Porque me enseñó que incluso el acto de bondad más pequeño puede cambiar una vida.
Y ahora, lo sé: mientras mi hija comparta su pan con otro niño, la bondad vivirá para siempre.