Fui a misa y el padre dijo algo que me encantó: 'Si una persona no te acerca a Dios, es porque no te la mandó Dios'. Y creo que nunca debemos olvidar eso.
Yo nunca he sido tibia. Si tiro la piedra, no escondo la mano, si digo algo, lo sostengo. Si alguien no me agrada y hablo mal de esa persona, seguro se lo merece. Si se meten con las personas que quiero, las defiendo, y si fui tibia con alguien, seguramente también lo merecía.