La verdadera tranquilidad la encontré entendiendo que guardar amor, aprecio y perdonar en silencio sin esperar nada a cambio, es más sanador que implorar por una acción que nunca llegará.
“A veces amar es abrir las manos y dejar que vuele quien te ruega libertad a gritos, aunque cada batir de alas te desgarre el pecho. Eso hice. Porque por amor se cometen las mayores locuras y los más silenciosos sacrificios.”