"Callar sobre uno mismo es humildad.
Callar sobre los defectos de otros es caridad.
Callar cuando se está sufriendo es heroísmo.
Callar cuando otro habla es delicadeza.
Callar cuando no hay necesidad de hablar es prudencia. Callar cuando Dios nos habla al corazón es silencio. Callar ante el sufrimiento ajeno es cobardía.
Callar ante la injusticia es flaqueza.
Hablar de uno mismo es vanidad.
Hablar debiendo callar es necedad.
Pero hablar oportunamente es acierto.
Hablar ante una injusticia es valentía.
Hablar para defender es compasión.
Hablar con sinceridad es rectitud.
Hablar para rectificar es un deber.
Aprendamos antes a callar, para poder hablar con acierto y tino, porque si la palabra es plata, el silencio es oro."
San Agustín de Hipona
Que hermosa es la #Familia cuando se cuida, cuando está unida, cuando hay amor, cuando hay orden, cuando se vive en paz y sobre todo cuando Dios es su prioridad.
La Iglesia no existe para sí misma, sino para conducir a cada persona al encuentro con el Señor; por eso, no basta con preguntarse si una actividad está bien organizada, si cuenta con participación o si lleva muchos años en marcha: es preciso preguntarse si conduce realmente a Cristo, si hace que el Evangelio se encuentre con la vida concreta de las personas.
No dejes de dar gracias después de cada misa.
Mira que has recibido mucho.
No salgas corriendo,
aunque el sacerdote te diga:
«Podéis ir en paz».
Quédate unos minutos.
José F. Rey Ballesteros
Los dolores soportados pacientemente en esta vida
pueden ayudar a las almas del Purgatorio,
más que muchas oraciones recitadas sin amor.
San Roberto Belarmino
Señor, mi corazón no desea nada fuera de Ti solo, oh tesoro de mi corazón. Te agradezco, Señor, por todos los dones que me ofreces, pero yo quiero solamente Tu Corazón. Aunque los cielos son grandísimos, para mí son nada sin Ti.
Hoy escuché estas palabras: “Ruega por las almas para que no tengan miedo de acercarse al tribunal de Mi Misericordia. No dejes de rogar por los pecadores. Tú sabes cuánto sus almas pesan sobre Mi corazón; alivia Mi tristeza mortal; prodiga Mi Misericordia”.
Ayer la cruz. Hoy, la que estaba abajo mirando. María no bajó a su Hijo, no lo salvó, no lo entendió del todo. Sólo se quedó. Hay dolores que no se arreglan – se acompañan.
A veces podemos interpretar el silencio de alguien como indiferencia: «Ya no me llama», «no pregunta por mí», «parece que no le importo».
Pero quizá estamos confundiendo querer poco con expresar poco.
1️⃣ Hay personas muy pendientes exteriormente de los demás. Llaman, escriben, preguntan, recuerdan fechas. Otras, en cambio, pueden llevarte profundamente dentro y, sin embargo, no tener esa espontaneidad para manifestarlo.
El afecto y su expresión no son exactamente lo mismo.
2️⃣ Psicológicamente, cada persona tiene un modo distinto de vincularse. Hay caracteres expansivos y otros más reservados. Personas que necesitan un contacto frecuente y otras capaces de conservar una amistad durante meses sin hablar y retomarla como si hubiera sido ayer.
No necesariamente unas quieren más que las otras.
3️⃣ El problema aparece cuando convertimos nuestra manera de querer en la medida de cómo deben querernos los demás.
«Si me quisiera, me llamaría».
«Si le importara, preguntaría por mí».
Quizá. Pero no necesariamente.
El otro no tiene nuestra sensibilidad, nuestro temperamento ni nuestra forma de expresar el cariño.
4️⃣ Filosóficamente, amar supone aceptar que el otro es verdaderamente otro.
No una prolongación de mí mismo.
Respetar a una persona significa también permitirle tener su carácter, sus silencios, sus ritmos y hasta sus torpezas afectivas.
El amor que exige constantemente que el otro se comporte como yo esperaría termina convirtiéndose fácilmente en posesión.
5️⃣ Pero esto tampoco debe servir de excusa.
«Yo soy así» puede explicar muchas cosas, pero no justificar todas.
También debemos aprender a salir de nosotros mismos. Una llamada, un mensaje o un «¿cómo estás?» pueden ser un verdadero acto de caridad cuando sabemos que alguien lo necesita.
El carácter condiciona; no determina completamente nuestra libertad.
6️⃣ Y aquí aparece otra cuestión que olvidamos con frecuencia: las relaciones son recíprocas.
Si sabes que alguien es poco dado a llamar, pero sabes también que te quiere, quizá no tengas que esperar siempre a que dé el primer paso.
Tal vez esa persona necesita más de tu llamada que tú de la suya.
7️⃣ Espiritualmente ocurre algo todavía más profundo.
Hay personas a las que quizá apenas llamamos, pero por las que rezamos cada día. Personas que están presentes ante Dios aunque no aparezcan constantemente en nuestro teléfono.
La oración también es una forma real —y muy seria— de llevar a alguien en el corazón.
8️⃣ Cristo tampoco nos pide tener todos el mismo temperamento. Nos pide amar.
Y amar unas veces significará respetar el modo de ser del otro; otras, vencer nuestro propio modo de ser para acercarnos a quien necesita nuestra presencia.
La caridad cristiana hace las dos cosas.
Por eso, antes de concluir «me ha dejado de lado», quizá convenga preguntarnos:
¿Realmente ha dejado de quererme, o simplemente quiere de una manera distinta a la mía?
Y también:
¿Estoy esperando que me llame alguien a quien quizá debería llamar yo?
Las relaciones humanas mejorarían mucho si juzgáramos menos los silencios ajenos y aprendiéramos a cuidar más los vínculos.
Porque hay personas que hablan mucho del cariño.
Y otras que, silenciosamente, te llevan consigo.
#Amistad #RelacionesHumanas #Caridad #VidaCristiana #Espiritualidad
La cruz es el signo del amor hasta el extremo.Donde Dios se derrama por la humanidad.Contemplar al crucificado para descubrir que Dios no juzga ni condena porque solo puede salvar. Que si hay juicio y condena es porque nos alejamos de él.#EvangelioDelDía#ExhaltaciondelaSantaCruz
Oh Jesús Mío, comprendo bien que mi perfección no consiste en realizar grandes obras, oh no, la grandeza del alma consiste en un gran amor hacia Ti. Oh Jesús, entiendo en el fondo de mi alma que las más grandes obras no pueden compararse con un acto de amor puro hacia Ti.
Nos encanta el ideal de María y José, pero la vida real es más como Santa Mónica: esposo difícil, hijo perdido y años de lágrimas orando. No es la estampa perfecta, es la cruz diaria donde Dios te hace santa.