Wilmer Antonio Cruz, conocido como “El Topo de La Guaira” ha sido secuestrado por el régimen de Delcy Rodriguez.
Logró rescatar a más de 60 personas sin recibir ayuda oficial. Tras animarse a denunciar ante la prensa fue desparecido a las pocas horas.
Esto es INHUMANO.
#AHORA | Un voluntario rescatista desde La Guaira le habla a Donald Trump y pide que María Corina esté en Venezuela:
“Señor Trump, necesitamos justicia aquí. Señora Machado, la necesitamos. Usted tiene planes, esta gente no. Están robando”.
Hay terremotos que destruyen edificios. Y hay terremotos que destruyen relatos políticos.
El terremoto que golpeó a Venezuela no solo dejó una tragedia humana. También expuso una realidad mucho más profunda: la fragilidad de unas instituciones incapaces de responder cuando la población más las necesita.
En una emergencia desaparecen los discursos, las consignas y las narrativas. Solo queda una pregunta fundamental: ¿quién protege a la población?
Cuando los ciudadanos, voluntarios y rescatistas improvisan la respuesta porque no existe una coordinación efectiva, el problema deja de ser únicamente natural. Se convierte en una crisis de gobernabilidad.
En este artículo de opinión analizo cómo esta tragedia reveló la diferencia entre ejercer el poder y construir un Estado capaz de proteger a sus ciudadanos. La legitimidad ya no depende únicamente de un cargo o de un reconocimiento político. En una crisis, la legitimidad se gana con resultados, organización y capacidad para salvar vidas.
Los terremotos pertenecen a la geología.
Las catástrofes pertenecen a la política pública.
La naturaleza nunca decide quién gobierna. Solo revela, con una honestidad implacable, si realmente existe un Estado capaz de responder cuando todo lo demás se derrumba.
📖 Lee el artículo completo y participa en la conversación. Me interesa conocer tu opinión: ¿Qué lección deja esta tragedia para el futuro institucional de Venezuela?
#Venezuela #AnálisisPolítico #Geopolítica #Instituciones #Opinión #AntonioDeLaCruz
#NoticiaEnDesarrollo:
Me informan que un grupo de 11 expertos aéreos venezolanos —pilotos e ingenieros con amplia experiencia en operaciones internacionales y en el traslado de altas autoridades— habría decidido retirarse de la misión en Venezuela y regresar este mismo día a El Salvador y, en cuatro casos, a Tel Aviv..
Por otro lado, 17 ingenieros de vuelo habrían presentado su renuncia en suelo patrio y que un grupo adicional de pilotos de élite estadounidenses y mexicanos habría decidido no continuar participando las labores que venian realizandonen Venezuela.
¿El motivo? No desean continuar prestando apoyo en operaciones relacionadas con Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello.
El venezolano cuando ve a un venezolano debajo de los escombros mueve el mundo para ayudarlo.
El chavista mueve el mundo para patearlo o robarle.
Y los propagandistas chavistas foráneos buscan maneras de sacar plata.
Yo sé bien de cuál lado estoy.
Gracias, Jesús, @CommanderRomero por hablar con la autoridad moral de quien ha dedicado casi cuatro décadas a servir a Estados Unidos y a defender sus mejores valores. Me permití traducir la carta al español. Venezuela agradece tu voz firme, respetuosa y valiente. 🇺🇸🇻🇪
Carta abierta al embajador Barrett
Jesús Romero
@CommanderRomero · @usembassyve
Estimado embajador Barrett:
Mi nombre es Jesús Daniel Romero. Soy estadounidense de nacimiento, hijo de padre venezolano y madre estadounidense. Serví con orgullo a Estados Unidos durante más de 22 años en servicio activo en la Marina de los Estados Unidos, de la cual me retiré como oficial de Inteligencia Naval. Posteriormente, trabajé durante otros 15 años como especialista en Operaciones de Inteligencia del Departamento del Ejército, hasta mi jubilación del servicio federal en 2022. A lo largo de mi carrera también presté servicio a nuestro país en varias naciones de América Latina, desempeñando funciones diplomáticas en apoyo al Departamento de Defensa y contribuyendo a los intereses de seguridad nacional y a los objetivos de política exterior de Estados Unidos.
Los valores de Estados Unidos —la libertad, la justicia, la dignidad humana y el Estado de derecho— no son para mí simples ideales. Son principios que he defendido durante toda mi trayectoria militar y civil.
Como muchas otras personas, escuché con atención su reciente entrevista. Debo decirle que sus declaraciones me decepcionaron profundamente. Contrastan de manera evidente con los valores a cuyo servicio y defensa he dedicado mi vida.
La relación con cualquier gobierno nunca debe establecerse a costa de la claridad moral, particularmente cuando se trata de un régimen ampliamente cuestionado por su historial en materia de derechos humanos. En un momento en el que el pueblo venezolano sufre las consecuencias de un devastador desastre natural, muchos percibieron sus palabras como innecesariamente condescendientes con quienes ejercen el poder, en lugar de solidarias con las víctimas.
Haya sido esa o no su intención, las palabras importan. Las declaraciones públicas de un embajador de Estados Unidos tienen un peso enorme, especialmente durante los momentos de crisis. La historia suele recordar no solo las decisiones que toman los funcionarios públicos, sino también las palabras que eligen cuando la gente busca liderazgo, compasión y claridad moral.
No he logrado encontrar a una sola persona que haya expresado públicamente su apoyo o acuerdo con sus comentarios. Por el contrario, la reacción pública abrumadora ha sido de decepción, incredulidad y preocupación. Eso, por sí solo, debería invitar a una pausa y a una reflexión.
Le pido respetuosamente que considere el impacto que sus palabras han tenido sobre innumerables venezolanos, entre ellos muchos que durante años han visto a Estados Unidos como un faro de libertad, justicia y esperanza. En medio de un momento de profundo sufrimiento humano, muchos esperaban empatía y claridad moral por parte del representante de Estados Unidos. Lamentablemente, sus declaraciones transmitieron algo muy distinto.
Como alguien que ha dedicado casi cuatro décadas al servicio de esta nación, vistiendo el uniforme, trabajando en labores de inteligencia y cumpliendo misiones diplomáticas en el extranjero, me sentí obligado a expresar mi profunda decepción. El servicio público se mide, en última instancia, no solo por los cargos que ocupamos, sino por los principios que defendemos cuando más se ponen a prueba.
Respetuosamente,
Jesús Daniel Romero
Capitán de Corbeta, Marina de los Estados Unidos (Ret.)
Especialista en Operaciones de Inteligencia, Departamento del Ejército (Ret.)
Durante estos meses muchos aceptamos —y en mi caso, incluso defendí— la idea de que existía una estrategia gradual. El plan de “tres fases” anunciado por el secretario de Estado que buscaba desmontar, paso a paso, la estructura del chavismo mientras se construían condiciones para una transición democrática. Pero el 24 de junio cambió el país. Los terremotos rompieron ese esquema de la misma manera en que rompieron miles de edificios en Caracas y en el estado Vargas.
Desde el 24 de junio ya no discutimos únicamente quién debe gobernar Venezuela. Discutimos quién puede hacerlo. Hay una diferencia enorme entre ambas preguntas. La primera pertenece al terreno de la legitimidad democrática. La segunda pertenece al terreno de la capacidad estatal y, en este momento, de la supervivencia nacional. Los terremotos respondieron brutalmente esa segunda pregunta y la primera ya había sido respondida hace bastante tiempo (en 2023 y en 2024).
La discusión dejó de ser exclusivamente política. Ya no estamos hablando únicamente de cuándo deben celebrarse determinadas elecciones. Estamos hablando de quién tiene la capacidad de conducir a un país devastado, de coordinar su reconstrucción y, sobre todo, de proteger la vida de millones de venezolanos. Eso cambia completamente la ecuación.
Quiero ser absolutamente claro. Esto no se trata de @MariaCorinaYA como persona. Se trata de lo que ella representa porque así lo hemos decidido los venezolanos.
Ella no es la principal dirigente política del país porque lo haya decretado ningún gobierno extranjero, ningún organismo internacional o ningún partido. Lo es porque la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de nuestras fronteras, le otorgó esa legitimidad. Y el liderazgo, en una catástrofe nacional, deja de ser un asunto partidista para convertirse en una necesidad pública.
Por eso la pregunta no va dirigida a Delcy Rodríguez. La respuesta de la tiranía es perfectamente comprensible dentro de su propia lógica de supervivencia estalinista. Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello saben que su permanencia depende del miedo (que cada día es menor). Y saben también que la presencia de María Corina Machado en Venezuela representa exactamente lo contrario: organización, esperanza, coordinación y la posibilidad de que una sociedad profundamente golpeada vuelva a reconocerse alrededor de un liderazgo legítimo.
No espero otra conducta de ellos.
La pregunta es para Washington. Es para @marcorubio. Es para @realDonaldTrump. Es para @usembassyve. Si Estados Unidos continúa ejerciendo una influencia determinante sobre el rumbo de la transición venezolana, ¿por qué impedir o aceptar que la dirigente con mayor legitimidad del país permanezca fuera precisamente cuando Venezuela más la necesita? ¿Qué interés estratégico puede justificar semejante decisión después de lo que acabamos de vivir?
Escuché con atención el mensaje que María Corina envió desde Panamá. Hubo una frase que resume perfectamente el momento que atravesamos: «Esto no se trata de mí». Tiene razón. No se trata de ella. Se trata de un país entero que necesita reencontrarse. Se trata de miles de venezolanos de la diáspora que quieren regresar para ayudar. Se trata de médicos, ingenieros, rescatistas, empresarios, voluntarios y familias que necesitan una conducción capaz de organizar el inmenso esfuerzo de reconstrucción que tenemos por delante.
Toda gran tragedia nacional necesita liderazgo. No para sustituir el trabajo de los rescatistas. No para reemplazar a los ingenieros. No para cargar escombros. Sino para darle dirección a una nación que intenta ponerse nuevamente de pie.
Venezuela necesita hoy ese liderazgo. Y la inmensa mayoría de los venezolanos ya decidió quién debe ejercerlo.
Si en Washington alguien considera que la presencia de Machado sobre el terreno puede resultar «desestabilizadora», me temo que está leyendo un país que ya no existe. Porque el verdadero factor de desestabilización no es la líder legítima de los venezolanos; es una tiranía que ha demostrado, frente a la mayor tragedia natural de nuestra historia reciente, que no puede, no sabe y, lo más doloroso de admitir, tampoco quiere gobernar para proteger a su propia gente. Nos odia. Y, siendo honesto, también los odian los venezolanos a ellos. Existe una ruptura moral irreparable entre la sociedad y quienes ocupan de facto el poder.
El estallido social del que tantos hablan no ocurrirá porque María Corina vuelva a Venezuela. Podría ocurrir precisamente si el país continúa sin un horizonte político claro. Si la sociedad no encuentra una conducción capaz de canalizar institucionalmente el inmenso dolor, la frustración y la rabia acumulados durante estos días.
La forma de evitar ese escenario no consiste en mantener congelada una transición. Consiste en acelerarla. Consiste en permitir que la sociedad se organice para reconstruir el país física, económica, institucional y moralmente. Consiste en comprender que estos miserables que hoy permanecen cómodamente instalados en Miraflores ya no pueden seguir al frente de un país al que han demostrado despreciar una y otra vez.
También escucho con frecuencia que Venezuela debe proyectarse ahora como un país estabilizado y lleno de oportunidades para la inversión. Ojalá lleguemos pronto a ese escenario. Pero intentar vender hoy esa imagen ignorando la realidad que dejaron los terremotos sería un profundo error de diagnóstico.
Porque ningún inversionista serio apuesta únicamente por recursos naturales. Invierte donde existen instituciones. Donde existe seguridad jurídica. Donde existe capacidad administrativa. Donde existe un Estado capaz de responder cuando ocurre una emergencia. Y eso fue precisamente lo que esta semana quedó dramáticamente en evidencia.
Los videos de ciudadanos enfrentando a militares, las denuncias sobre obstáculos a la ayuda, el bloqueo de información y la indignación creciente de millones de venezolanos seguirán recorriendo el mundo. No hay estrategia comunicacional capaz de ocultarlo.
Y hay algo todavía más grave.
Un régimen que obstaculiza la ayuda humanitaria durante una tragedia nacional envía el peor mensaje posible a cualquier ciudadano y a cualquier inversionista: que ni siquiera frente al dolor colectivo está dispuesto a renunciar a la lógica del control criminal. Si roban comida, imagínense cómo van a robar las máquinas de empresarios.
Los venezolanos seguiremos agradeciendo el respaldo de Estados Unidos. Seguiremos considerándolo un aliado natural. Pero precisamente porque somos aliados debemos poder hablar con franqueza.
El problema nunca fue solamente Nicolás Maduro. El problema es el chavismo. El problema es Delcy Rodríguez. Es Jorge Rodríguez. Es Diosdado Cabello. Es una estructura de poder que ha demostrado durante veintisiete años que destruye todo aquello que toca y que, incluso frente a una tragedia de esta magnitud, sigue actuando como un obstáculo para su propio pueblo.
Han pasado seis meses desde el 3 de enero. Ha pasado una semana desde el 24 de junio. Cada uno de esos días ha tenido un costo humano. Y los venezolanos ya no podemos seguir esperando.
Queremos caminar junto a Estados Unidos. Queremos que siga siendo nuestro principal aliado en la recuperación de la democracia. Queremos que la reconstrucción de Venezuela sea también una historia de cooperación entre dos países que comparten valores e intereses. Pero también debemos decir con claridad que nosotros no podemos esperar indefinidamente. No podemos. Y no lo haremos.
El chavismo debe llegar a su fin.
No solamente porque destruyó la democracia. No solamente porque destruyó la economía. No solamente porque destruyó el Estado. Sino porque esta semana terminó de demostrar que también es incapaz de conducir el dolor de una nación. O, peor todavía, que lo disfruta.
Si para poner punto final a esta tragedia seguimos contando con el apoyo de nuestros aliados, estaremos profundamente agradecidos. Ojalá sea así. Si ese apoyo no alcanza o no llega con la urgencia que el momento exige, los venezolanos haremos lo que ya empezamos a hacer durante esta semana. Tomaremos el martillo con el que hoy removemos escombros para reconstruir nuestras ciudades. Y, cuando llegue el momento, también para derribar el muro político que desde hace veintisiete años impide que Venezuela vuelva a levantarse.
Ya ha sido demasiado.
Ha pasado una semana desde el doble terremoto que golpeó a Venezuela. La mayor catástrofe natural en décadas encontró al país atrapado en la peor catástrofe política de su historia.
Ha sido una semana muy dura. De mucho dolor. Pero también una semana en la que hemos visto a los venezolanos mostrando quiénes somos de verdad. Pocas sociedades en el mundo están tan unidas y son tan solidarias. Todo ello, en contraste con un Estado ausente. Porque en Venezuela no existe el Estado, aunque sí una tiranía que, incluso en medio de esta tragedia, ha sido un obstáculo.
Por un lado vemos a ciudadanos levantando escombros con sus propias manos, buscando a su gente, organizándose por WhatsApp, pidiendo ayuda en redes sociales a quienes estamos afuera. Y por el otro vemos a un régimen criminal, que nos odia, que ha bloqueado y robado ayuda humanitaria, que ha puesto trabas para el ingreso de rescatistas, que no ha creado centros dignos para los damnificados, que no publica cifras reales, que amenaza a la prensa nacional e internacional para impedir que se conozca la verdad, que tardó más de cuarenta y ocho horas en sacar a las calles a las "fuerzas de seguridad" y a los militares y que, cuando finalmente aparecieron, en demasiados casos lo hicieron para extorsionar o incluso entrar en viviendas destruidas para llevarse pertenencias de las víctimas.
Sobran los videos de ciudadanos enfrentándolos, porque el dolor de esta tragedia natural se mezcla con la indignación, con el hartazgo, con la arrechera... y esa soga se va a romper.
Un terremoto no puede evitarse. Pero la magnitud de una tragedia puede ser menor... si existiera el Estado y un buen gobierno. Y no es el caso. Por eso somos los venezolanos salvando a los venezolanos. Nosotros, los ciudadanos.
Ahora comienza la etapa más difícil.
La emergencia continúa aunque las imágenes dejen de circular. Miles de familias seguirán necesitando agua, alimentos, medicinas, refugio, atención médica, apoyo psicológico y recursos para reconstruir sus vidas. Por eso no podemos cansarnos ahora.
Si quieres ayudar, existen plataformas verificadas que concentran información útil y decenas de iniciativas ciudadanas.
En @lagranaldea recopilamos una guía completa con campañas de donación, centros de acopio, búsqueda de personas, hospitales, donación de sangre, apoyo psicológico, voluntariado y muchas otras formas de colaborar:
👉 https://t.co/ZvvFsnSSgX
Además, el Directorio SOS de @yummy_vzla reúne información actualizada sobre refugios, alimentación, agua potable, salud, transporte y otros servicios disponibles para las personas afectadas:
👉 https://t.co/1QATQf73QR
Los venezolanos ya demostramos que sabemos ayudarnos entre nosotros. Ahora toca demostrar que no vamos a abandonar a quienes siguen intentando levantarse entre los escombros.
Hola, quiero denunciar por aquí también. Un muchacho que estaba apoyando como traductor publicó que estaba siendo amenazado y su cuenta de facebook fue cerrada posterior a eso.
Diosdado Cabello es un narco traficante, asesino y despreciado por todos los venezolanos. No le interesa la vida de ninguno de nosotros y los Estados Unidos lo saben. Todavía no sabemos porque no se lo llevan preso aún agrediendo a un rescatista americano
¡𝐃𝐄𝐂𝐄𝐏𝐂𝐈Ó𝐍 𝐓𝐎𝐓𝐀𝐋! Las declaraciones del señor John Barrett resultan decepcionantes. Dice que el régimen de Delcy fue "totalmente transparente" y que el ejército trabaja "hombro a hombro". ¿Transparente con cifras que cambian cada día y prensa vetada en La Guaira? ¿Hombro a hombro, cuando quien rescata es el pueblo con sus propias manos? No, señor Barrett. Usted no elogió a un gobierno: le dio la espalda a un pueblo. A los muertos se les honra con la verdad. @usembassyve
La agenda de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello es personal.
La nuestra, como representantes del sur de la Florida, es defender la libertad y ser la voz de quienes nos eligieron.
Por eso seguiremos exigiendo:
✅ Que toda la ayuda humanitaria y los equipos de rescate entren a Venezuela sin ningún tipo de obstáculo.
✅ Que María Corina Machado pueda regresar libremente a su país cuando ella lo decida.
✅ Que Venezuela emprenda, de una vez por todas, el camino hacia una transición democrática.
Ese ha sido, es y seguirá siendo nuestro compromiso.